El “evangelio” de la prosperidad es un sistema doctrinal que enfatiza un aparente deseo por parte de Dios de la prosperidad de los individuos, enseñando que las personas deben procurar su bienestar emocional, su salud física y su prosperidad financiera. El mensaje acentúa un derecho de parte de los cristianos a ser prosperados y, en virtud de esto, dicen que es legítimo y deseable que los creyentes persigan y reclamen su éxito.

Este sistema de enseñanzas goza de diversos exponentes en todas partes del mundo. Algunos predican discursos motivacionales de autosuperación, eso de perseguir los sueños y alcanzar metas; otros ponen énfasis en la sanidad física y en los milagros para obtenerla, asegurando una vida sin dolor, sin sufrimientos y libres de enfermedades; otros hablan más de cómo mejorar tu vida y tu situación familiar; y, por supuesto, están aquellos que aseguran que Dios quiere que todos sus hijos sean ricos.

Textos en su contexto

Como todo sistema de error, el “evangelio” de la prosperidad —las comillas porque evangelio significa buenas nuevas, y este sistema no trae buenas noticias— hace uso de la verdad, solo que distorsionada. Tuerce las Escrituras y malinterpreta los versículos que usa para justificar su mensaje. Y aunque la lista de los versículos mal usados es bastante amplia, uno de los pasajes más utilizados por quienes promueven esta enseñanza de la prosperidad se encuentra en la tercera carta del apóstol Juan: 

“El anciano a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad. Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”, 3 Juan 1:1-2.

Partiendo de este pasaje, ellos interpretan que Dios desea la prosperidad de cada creyente en todas las esferas de la vida. Sin embargo, hay un principio de hermenéutica bíblica —la ciencia y arte de interpretación de la Palabra— que debemos tomar en cuenta: un pasaje debe ser interpretado a la luz de su contexto histórico y gramático. Para una correcta interpretación de un texto, se deben considerar el autor y el destinatario del mensaje; en este caso, el apóstol Juan, a Gayo.

En este pasaje lo que leemos es un saludo que el apóstol Juan le está enviando a su discípulo Gayo. Solo eso: un afectivo saludo. Por lo tanto no se puede interpretar desde este pasaje que Dios desea que todos los creyentes sean prósperos. Aunque sabemos que como un buen Padre, Él bendice y cuida a sus hijos, “Amado yo deseo que tú seas prosperado” es la salutación que un mentor está enviando a su apreciado pupilo. Es el deseo de bienestar que el anciano Juan expresa por su querido discípulo, como los saludos que enviamos a la distancia a un amigo o hermano en el Señor.

Todo el consejo de Dios

El apóstol Pablo ya afirmó a los pastores de Éfeso que él había siempre procurado presentar “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:26-27). Este es el llamado de todo pastor fiel.  Sin embargo, los predicadores de la prosperidad deben ignorar muchos textos de las Escrituras que debilitan su teología y contradicen sus argumentos. Algunos ejemplos:

  • “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste”, Proverbios 23:4.
  • “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”, Lucas 12:15.
  • “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:12.
  • “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”, 1 Timoteo 6:6-8.
  • “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”, 1 Timoteo 6:10.

Las ideas tienen consecuencias

Debido a no prestar oído a estos y otros pasajes, y a la irresponsable interpretación de las Escrituras, el “evangelio” de la prosperidad ha causado mucho daño, tanto dentro como fuera de la iglesia. Los frutos de esta teología son evidentes. Aquí cuatro de sus más nocivos efectos. 

  1. Las formas abusivas de colectar fondos han causado gran descrédito a la iglesia delante del mundo, provocando más tropiezo entre los incrédulos y manchando el nombre del evangelio. El mundo se burla de la manera ingenua en que los creyentes son engañados a despojarse de sus bienes. Por cosas como estas dicen las Escrituras “el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros”, Romanos 2:24.
  2. Asimismo, las congregaciones que fomentan y defienden estas doctrinas tienen una mayor incidencia de no creyentes entre sus miembros. Los inconversos se sienten atraídos por el mensaje que les promete felicidad, éxito y prosperidad, y se unen a las iglesias aunque nunca hayan procurado el arrepentimiento. Estas iglesias se encuentran saturadas de hombres que tienen apariencia de piedad pero la niegan con sus frutos (2 Ti. 3:5).
  3. Por otro lado, este mensaje genera una gran confusión entre los creyentes genuinos. A la gente se le enseña el “declarar para recibir” y “sembrar para cosechar”, y hasta se les dice que Dios les dará todo lo que la planta de sus pies pisaren (tergiversando Josué 1:3). No obstante muchos son los creyentes confundidos que se han pasado años 'declarando', 'sembrando' y 'pisando', pero hasta la fecha no han visto, ni cosechado, ni recibido lo que se les prometió. Esta confusión se disipa cuando enseñamos que al final es Dios quien soberanamente determina lo que cada persona recibe de Él (Job 1:21).
  4. Además, el “evangelio” de la prosperidad oscurece terriblemente al verdadero evangelio. En muchos casos, las personas caen en tormento cuando no reciben la respuesta, pensando que Dios no los acepta y sintiéndose culpables. Muchos de los predicadores de la prosperidad insinúan que algunos no reciben bendición por algún pecado oculto o por falta de fe, creando condenación entre los creyentes. Sin embargo, el evangelio verdadero nos recuerda que Dios por su gracia “nos hizo aceptos en el Amado” (Ef. 1:6 ). El favor de Dios solo ha sido posible por medio de la obra de Jesucristo.

El enfoque materialista ha llevado a muchos creyentes a perseguir las riquezas con gran codicia, ignorando que nuestras riquezas son mayores que las de este mundo. Nuestros tesoros son celestiales, no terrenales. Las cosas de este mundo perecen, pero las riquezas que Cristo obtuvo en la cruz son eternas. Fuimos enriquecidos con el perdón de los pecados, con el don de la salvación, la paz, el gozo, y con la esperanza de la vida eterna. Esta es la verdadera prosperidad. La prosperidad eterna. La prosperidad bíblica. Y esas promesas tienen en Cristo el sí y el amén.

Conclusión

La teología de la prosperidad es un mal endémico que trasciende las denominaciones, y tristemente ha encontrado aceptación en muchos ministerios. Encuentra base en un mal uso y abuso de ciertos textos, mientras ignora la mayor parte de las Escrituras, específicamente del Nuevo Testamento. El mensaje de la prosperidad ha traído descrédito a la iglesia, autoengaño para los incrédulos que asisten a sus iglesias, tropiezo, decepción y confusión ante los creyentes, y ha oscurecido al evangelio de Cristo.

Nuestra oración es que Dios abra los ojos de su pueblo para ver el glorioso Evangelio de Jesucristo y sus ricos beneficios. Que el corazón de los cristianos sea despertado a la verdad. Que los creyentes que son parte de congregaciones que predican ese mensaje puedan discernir el error y buscar dirección de Dios al respecto.

Una última palabra a mis hermanos pastores y predicadores: Si hemos fallado, lo mejor reconocer, humillarse y arrepentirse porque “el que se humilla será enaltecido” (Luc. 11:4) . Nuestra exhortación es a tomar con seriedad el estado de nuestra almas, y a velar por los que nos escuchan. Volvamos a la predicación bíblica, para que Dios sea glorificado y la iglesia edificada. Volvamos a la predicación del evangelio, el único evangelio: el evangelio de Cristo.