En Puerto Rico se denomina “perro sato” a aquel perro de raza impura. Son aquellos que después de tres o cuatro generaciones de los mismos, ya no se pueden distinguir de qué raza eran sus antepasados. Mientras pasan los años, más y más me considero como un “sato” teológico. Aquí te explico por qué.

Linaje mezclado, real sacerdocio

Los puertorriqueños pertenecemos a un país donde el mestizaje fue uno de los más altos en Latinoamérica. Soy una mezcla de tres grupos étnicos, y se puede observar en mi físico características de cada uno. Además de esto, política y culturalmente, los boricuas no sabemos lo que somos. No somos estadounidenses: somos latinos y me considero como tal. A la vez, en ocasiones he experimentado rechazo de otros latinoamericanos por ser ciudadano de los Estados Unidos.

A la hora de llegar a mi teología, ahí es que verdaderamente soy un “sato”. Soy una mezcla de diferentes doctrinas, las cuales he estudiado a profundidad y en algunas de ellas he llegado a convicciones mezcladas. En determinadas doctrinas soy altamente reformado, en otras tengo influencias del movimiento carismático. Probablemente esto que acabo de decir sea interpretado de diversas formas en diversos lugares, por lo que te pido que sigas leyendo para que veas lo que tengo que decir.

En cuanto a soteriología, la doctrina de la salvación, soy altamente calvinista. Creo en las doctrinas de la gracia que definen mi salvación como una obra completa de Cristo. En cuanto a la doctrina de la Iglesia, creo en la pluralidad de ancianos dentro de un marco presbiteriano. Aunque soy altamente definido en mi teología bíblica como seguidor de la teología del Pacto, no practico el bautismo de niños, sino el bautismo de creyentes. Por consiguiente, me adhiero a la confesión de Londres de 1689. Hasta aquí, sé que la mayoría de mis amigos reformados estarán de acuerdo.

En cuanto a mi pneumatología, mi doctrina del Espíritu Santo y los dones, soy continuista. Aunque me considero un continuista moderado, mi exégesis me lleva a creer que todos los dones identificados en el Nuevo Testamento siguen vigentes y accesibles para los creyentes. Creo que soy moderado, porque entiendo que todos los dones de revelación tienen que estar sujetos a la Palabra de Dios y no debe haber ninguna revelación nueva que sea normativa (Cp. 1 Cor. 14, 1 Tes. 5). En muchas ocasiones he tratado de estudiar el argumento cesacionista con la intención de moverme a ese campo. He leído la obra inicial de este argumento de B. B. Warfield “Counterfeit Miracles”. En el seminario he tomado un curso sobre el Espíritu Santo enseñado por un profesor cesacionista. Pero mi estudio exegético del tema no me permite llegar a esa conclusión.

Mi vida sería más fácil si fuera cesasionista. Mis convicciones neumatológicas no asustarían a ningún cesacionista. Lo interesante es que la forma que practico el continuismo no asusta a los cesacionistas. Es más hay varios miembros de la congregación donde sirvo que son cesacionistas. (De hecho, puedes ver esta conversación que sostuvimos recién un cesacionista y yo)

Encontrando un centro entre los círculos

Lo expuesto anteriormente es lo que me hace un continuista sin hogar o un reformado sin morada. Soy una combinación extraña de convicciones teológicas. Llevo años aprendiendo de las verdades asociadas con el evangelio de la gracia. Pero la realidad es que aunque no me asocio a prácticas y doctrinas del movimiento pentecostal y neo-pentecostal, (por ejemplo, su doctrina del bautismo del Espíritu Santo manifestado en la necesidad de hablar en lenguas), mi convicción pneumatológica de alguna forma me une a ellos. Aunque he sido altamente influenciado por Calvino, Bavink, Vantil, Frame; lo he sido igualmente por Piper, Grudem, Mahaney y Purswell.

En el lugar donde estoy, lo más importante que he aprendido es que lo que me une a Michelén, Washer, y MacArthur, no son mis argumentos reformados, sino la obra de Jesús, Su salvación por mis pecados, y mi teología imperfecta. Estos hermanos cesacionistas tienen una pasión real por el Dios de la Biblia, y un anhelo por conocerle más y más y darlo a conocer. Por otro lado lo que me une a Mahaney, Piper, Núñez, Carson, no son los argumentos sobre la continuidad de los dones, sino aquel que es mayor que todos los dones: el dador de esos dones. Es evidente que no todos los continuistas somos locos emocionalistas.

Tomando la actitud de Pablo

En esta discusión, debemos recordar la actitud de Pablo con la iglesia de Corinto. Independientemente de si piensas que los dones continúan o no, la realidad es que la iglesia de Corinto estaba usando inadecuadamente estos dones. Podemos decir lo mismo de muchas iglesias en la actualidad. Hay quienes creen que los dones continúan, y a la vez observan abusos en el empleo de estos dones o uso inadecuado en su aplicación. En muchos casos, lo que algunos llaman dones no tienen la forma ni el fondo de los dones de la Escritura. Pero Pablo trató a estos hermanos como creyentes. Los corrigió en amor porque tanto Pablo como ellos no estaban unidos por tener todo tema teológico perfectamente entendido, sino que estaban unidos por el evangelio. Como nota de advertencia a todo creyente, Pablo no trató a la iglesia en Galacia con el mismo amor. Ellos tenían apariencia de perfección, pero fueron altamente reprendidos por Pablo porque estaban perdiendo el evangelio.

Dicho esto, de ninguna manera hago un llamado al ecumenismo o a no defender la verdad. Pero debemos entender que dentro del movimiento protestante, tendremos diferencias. Hay diferencias del nivel de herejía: estas son las doctrinas que defendemos a morir. Pero también hay otras doctrinas de suma importancia para la iglesia local, en las que aunque tengamos convicciones fuertes, debemos cuidarnos de cómo comunicamos las diferencias sobre estas doctrinas con verdaderos creyentes. Atacamos la prosperidad, la palabra de fe, la salvación por obras, pero no arremetemos en contra de hermanos en la fe con los que estamos en desacuerdo sobre temas de segunda importancia. Que nuestra pasión por defender doctrina nunca sea mayor que por el evangelio.

Mi ánimo personal y consecuentemente para todos, es que si bien hay verdaderas doctrinas que nos separan, antes de tirar a alguien en un saco y rechazarlo por diferencias doctrinales, sigamos el ejemplo de Pablo, quien aplicó el verdadero evangelio. Antes de generalizar, vamos a entender si hay verdaderos creyentes en esa generalización. Soy un continuista sin hogar: el problema es que no debería definir mi hogar con creyentes por mi convicción pneumatológica. La realidad es que soy un creyente con hogar: mi hogar es la iglesia. La Iglesia por la cual Cristo dio su sangre (Hechos 20:28), y en la que todos aquellos creyentes, por gracia de Dios y fe, hemos puesto nuestra confianza en Cristo, para su gloria.