Frecuentemente en la iglesia hay una visión equivocada del llamado. En muchas ocasiones he visto a personas que asumen que para realmente servir a Dios hay que hacerlo tiempo completo, es decir, que deben dejar su trabajo “secular” para trabajar para la iglesia o una organización cristiana. Por supuesto, a algunos Dios sí los llama a servir de esa manera, ¡y es un gran privilegio hacerlo! Pero sería un error asumir que ese es el camino exclusivo para realmente servir a Dios. La realidad es que la mayoría de los cristianos tendrán sus trabajos como médicos, carpinteros, abogados, maestros, pintores, ingenieros, obreros, etcétera. Es a aquellos cristianos a quien me dirijo principalmente en este artículo.

Todos somos llamados

Si eres cristiano, ya tienes un llamado. En Efesios 2:10, el apóstol Pablo nos dice que los cristianos somos “hechura [de Dios], creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”. Tu llamado es a hacer esas buenas obras en el lugar que Dios te ha puesto.

Creo que muchos cristianos hoy no comprenden esta verdad. Por lo mismo, creo que nos serviría volver a examinar la visión que Dios tiene del trabajo en este mundo, mirándolo a través de las etapas conceptuales que vemos en la Biblia: la creación, la caída, la cruz, y la nueva creación.

La creación

El mundo en que vivimos no es el mundo que fue, que debería ser, ni que un día será. Antes que el pecado entrara al mundo, la Biblia nos dice que el trabajo ya estaba ahí. De inmediato, eso nos enseña algo muy importante: el trabajo en sí mismo no es algo malo. En un mundo que el Creador mismo consideraba “bueno”, ya existía el trabajo. Dios le dio un trabajo a Adán y Eva: “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (Gén. 2:15). El trabajo, como el resto de la creación, es esencialmente bueno.

Cuando cualquier persona, cristiana o no, encuentra deleite en su trabajo es porque nuestro buen Creador nos ha dado la capacidad de disfrutar del ejercicio y del fruto de lo que hacen nuestras manos.

Quizás algún lector esté pensando, “Greg, ¡ni te imaginas lo complicado y difícil que es mi trabajo!”. El siguiente capítulo del libro de Génesis nos dice algo más acerca del trabajo.

La caída

Génesis 3:1-24 nos relata la caída, es decir, la rebelión de la Adán y Eva en contra de Dios y la expulsión de la humanidad del huerto de Edén. Como ya vimos, el trabajo no es producto de la caída; lo que sí es producto de la caída es que el trabajo ahora sería difícil:

Entonces el Señor dijo a Adán: “Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: ‘No comerás de él,’ maldita será la tierra por tu causa; con trabajo (dolor) comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, al polvo volverás” (Gén. 3:17-19).

Jefes injustos, salarios muy bajos, huelgas, baja productividad, corrupción, favoritismo en la contratación; todas estas son realidades de muchos trabajos en este mundo caído. Gracias a Dios, ese no es el fin de la historia.

La cruz

Los cuatro primeros libros del Nuevo Testamento nos cuentan las buenas noticias de lo que el Dios-hombre logró a través de su encarnación, vida, muerte, sepultura, resurrección, y ascensión. La redención que trae el evangelio tiene efectos en todas las áreas de nuestra vida. De hecho, las cartas escritas del Nuevo Testamento se tratan principalmente de mostrar las implicaciones de la cruz de Cristo en la vida cristiana, incluyendo el trabajo.

Aquí podemos examinar todos los pasajes sobre el trabajo. Solo como ejemplo, miremos lo que dice Efesios 6:5-7:

“Siervos, obedezcan a sus amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de su corazón, como a Cristo; no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. Sirvan de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres”.

Claramente nosotros vivimos en un contexto diferente —no hablamos de “siervos” y “amos”—, sin embargo, el paralelo con nuestra realidad laboral es claro. La libertad que nos trae el evangelio implica que ahora podemos desempeñarnos en nuestros trabajos, no simplemente para recibir la aprobación de los demás sino para honrar al Señor que ya nos ha dado su aprobación. Cristiano, cristiana, ¿cuándo fue la última vez que trabajaste con esta motivación?

Cuando recordamos la maravilla de lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, cada día de trabajo se transforma en una oportunidad de servir al Rey de reyes. No importa si barres la calle o si eres un ingeniero en una empresa exitosa; cada día y cada hora del día puede ser un acto de adoración a tu Señor. Como cristiano tienes la motivación más alta y estable que cualquiera que te rodea para hacer un trabajo excelente, encarnando así a Jesucristo. ¿Te imaginas a Jesús como carpintero haciendo una mesa chueca por descuido y pereza? ¡Imposible!

Aun así, frecuentemente nos damos cuenta cuán imperfecto es nuestro trabajo. Tenemos tiempo limitado, experimentamos circunstancias difíciles, y vemos los efectos de nuestro propio pecado y del los demás alrededor nuestro. No obstante, trabajamos con la esperanza de que un día nuestro servicio al Rey carecerá de todas estas imperfecciones.

La nueva creación

La visión popular de que en cielo estaremos tocando el arpa, vestidos como ángeles, y muertos de aburrimiento es totalmente ajena a la realidad bíblica. Independientemente de nuestra postura escatológica (es decir, sobre la doctrina de los últimos tiempos), todos podemos concordar que hay numerosos pasajes en la Biblia que describen nuestro futuro reinado con Cristo. Tomemos, por ejemplo, Apocalipsis 22:3-5:

“Ya no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará allí, y Sus siervos Le servirán. Ellos verán Su rostro y Su nombre estará en sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos”.

¡Cristo regresará un día! La maldición será removida. No habrá más pecado, ni dolor, ni trabajos pesados, ni salarios injustos, ni ambientes corruptos, ni condiciones laborales injustas. ¡Reinaremos con Él; le serviremos! En la eternidad tendremos descanso y continuaremos teniendo responsabilidades. Aunque ya los podemos experimentar en cierta medida, entonces habrá deleite, propósito, y satisfacción en plenitud en nuestras labores.

El trabajo mañana y en ese Día

Cuando mañana te toque trabajar en el contexto que Dios te ha puesto, recuerda: tu trabajo es algo bueno creado por Dios; vives bajo los efectos de la caída y eso afecta a tu trabajo, pero el evangelio puede redimir el trabajo más “mundano” porque es a Cristo a quien sirves.

Un día, la satisfacción que hoy experimentamos en nuestro trabajo por ser creados a la imagen de Dios y por ser recreados a la imagen de Jesucristo, la experimentaremos en toda su plenitud! Amén. ¡Ven, Señor Jesús!


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