Tras un accidente automovilístico en el 2014, el italiano Fabiano Antoniani (conocido como DJ Fabo) quedó ciego y tetrapléjico. El 27 de febrero recién pasado, Fabiano acabó con su vida por medio suicidio asistido, no en su tierra natal, sino en Suiza. 

El suicidio asistido es ilegal en Italia. Antoniani había criticado las leyes de su país, las que, según él, obligan a personas en su condición a “acudir al extranjero para liberarnos de una tortura insoportable e infinita”. Antes de morir en Suiza, Antoniani agradeció a Marco Cappato, el activista italiano proeutanasia que lo apoyó y acompañó en su viaje. “Quiero dar las gracias a una persona que me pudo sacar de este infierno de dolor, dolor, dolor”, dijo

Estos hechos sacuden el debate sobre la legalización de la eutanasia y del suicidio asistido en Italia, y son relevantes para nosotros los cristianos al otro lado del Atlántico. Hasta hoy, Colombia es el único país latinoamericano en donde la eutanasia es legal. En Estados Unidos, el suicidio asistido es permitido por la ley en California, Montana, Oregon, Vermont, y Washington. Todo parece indicar que la legalización de estas prácticas y otras similares seguirán avanzando en la sociedad occidental. 

Otros ya han hablado sobre el suicidio y el suicidio asistido en The Gospel Coalition y Coalición Por El Evangelio. Este artículo de Joe Carter (en inglés) provee información básica sobre el suicidio asistido. Este artículo de Miguel Núñez discute si un cristiano puede suicidarse. Y este artículo de Joni Eareckson Tada responde al suicidio asistido de una joven estadounidense. 

Lo que deseo hacer en este artículo no es presentar las razones por las cuales los cristianos deberíamos oponernos a la legalización de la eutanasia y del suicidio asistido. Más bien, me gustaría ofrecer una perspectiva sobre cómo los cristianos podríamos hablar de estos temas, particularmente con aquellos que rechazan la postura bíblica. Dicho sea de paso, cuando digo “hablar”, me refiero a literalmente hablar, no a escondernos detrás de una pantalla.

La forma común de conversar

Los argumentos que comúnmente presentamos en este tipo de conversaciones se centran en las dimensiones éticas o morales del asunto. ¿Es la eutanasia o el suicidio asistido algo bueno o malo? ¿Qué dice la Biblia? Y luego de presentar la perspectiva bíblica, sentimos que no hay nada más que decir. La Palabra de Dios dice que es malo. Dios lo condena, punto final. 

En mi experiencia, ese tipo de argumento por sí solo no nos lleva muy lejos. Esto no es porque la verdad de Dios no sea suficiente. Sin embargo, ya que nos acercamos al asunto basándonos en autoridades y perspectivas radicalmente diferentes, es muy difícil encontrar puntos en común con nuestros interlocutores, y persuadirlos es mucho más difícil. Tristemente, muchas veces nuestras conversaciones se vuelven debates agitados, y terminamos denunciando la inmoralidad, inconsistencia, e irracionalidad de los que toman otras posturas. 

La forma bíblica de conversar

Por eso creo que debemos hablar sobre estos y otros temas en una manera más integralmente bíblica. A lo que me refiero es que no debemos solamente concentrarnos en lo que la Biblia enseña respecto a un tema, sino también cómo lo enseña: cómo es que la Biblia conecta la verdad de Dios a las situaciones de la vida humana, y cómo la conecta a la experiencia existencial del individuo.

En el caso de la eutanasia y del suicidio asistido, creo que debemos empezar por reconocer que los defectos congénitos, la depresión, y el dolor en general, los cuales llevan a algunos a pensar que la muerte sería mejor que la vida en esas condiciones, son realidades de este mundo caído. Estas cosas de verdad suceden y afectan la vida de muchas personas. Muchos de nosotros mismos las experimentamos. El mundo no debería ser así. Dios no nos creó con el fin de sufrir dolor y muerte. Estos son consecuencia del pecado humano y de vivir en un mundo caído.

Particularmente en el caso de Fabiano Antoniani, creo que deberíamos empezar por reconocer que lo que le sucedió es una tragedia. No me puedo imaginar lo que se debe sentir no poder ver ni moverse independientemente. La verdad es que no sé qué haría si me pasara algo así, y si sintiera que mi vida es un “infierno de dolor”. Antes de presentar una defensa de nuestra postura, debemos llorar con los que lloran (Rom. 12:15), y debemos hacer hincapié en que la Biblia no niega sino que afirma estas realidades de la vida humana. 

Pero junto con eso también debemos hablar de la redención que Cristo ha traído y comprado para su pueblo. A Dios le importa su gloria, y por lo tanto, le importa la creación que hizo para que reflejara su gloria. Le importa tanto que va a juzgar a todos los rebeldes que han causado estragos en su creación. Le importa tanto que ha mostrado misericordia y gracia a pecadores. Le importa tanto que va a renovar su creación, y la hará un lugar en donde ya no hay más dolor, ni llanto, ni muerte. ¿Acaso no es eso lo que los no creyentes quieren también en el fondo, aunque lo busquen lejos de Dios y por sus propios medios (en este caso, la eutanasia y el suicidio asistido)?

A este mundo quebrantado y lleno de miserias, Dios envió a su propio Hijo a morir en lugar de pecadores, y a ofrecer perdón, reconciliación, y vida eterna con Dios. El Señor Jesús sabe lo que es experimentar humillación, dolor, y muerte en este mundo. Pero no solo eso: Él es el que ha vencido a la muerte por medio de su resurrección, y el que ofrece una nueva vida de resurrección a los que se arrepienten de sus pecados y confían en Él. 

La respuesta al sufrimiento

Es por eso que los cristianos creemos que la respuesta al sufrimiento humano —por más terrible que sea— no es el acabar con la vida del que sufre. La respuesta al sufrimiento humano es la muerte y la resurrección de Cristo, y nuestra muerte y resurrección junto con Él. Es solo por medio de nuestra unión con Él que podemos que podemos experimentar la vida como debe ser. La esperanza certera de vida eterna y gozo eterno en comunión con Él es lo que nos da una nueva perspectiva para enfrentar los sufrimientos en este mundo.

¿Qué habría sido de Fabiano Antoniani si, en vez de escuchar que su vida ya no valía la pena vivirla, en vez de escuchar solamente que su deseo de quitarse la vida atentaba contra el diseño de Dios, hubiese escuchado una compasiva exposición del evangelio de Cristo? ¿Qué será de aquellos con quienes nosotros hablamos? ¿Qué escucharán por medio de nosotros? 

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