Como alguien quien participa en las comunidades misionales, a veces me preguntan: “¿Cuál es la diferencia entre una comunidad misional y ______ (grupos de comunidad, grupos pequeños, estudios bíblicos…)?”.

Antes de profundizar en las diferencias, permítanme que les de la definición que utilizo para una comunidad misional: Es una comunidad de cristianos que está siguiendo la misión de Dios, en obediencia al Espíritu Santo, y que demuestra el evangelio de forma tangible y lo declara creativamente a un puñado de personas.  

Quizás lo más crítica de la definición es una idea de “puñado de personas”; una comunidad misional está centrada intencionalmente en aquellos que no son creyentes. La comunidad misional se centra de forma intencionada en aquellos fuera de la iglesia.

Antes de que alguno se moleste, es también importante para mí hacer notar que las comunidades misionales centradas en el evangelio tienen muchos nombres diferentes. Aunque creo que el lenguaje es importante, he encontrado que hay muchos grupos pequeños, grupos comunitarios, y estudios bíblicos que se parecen mucho a lo que yo llamo comunidades misionales. Las distinciones que señalo en este artículo tienen el propósito de desafiar los métodos utilizados para practicar la comunidad en muchas iglesias evangélicas.

Comunidades misionales vs. grupos de comunidad

Una de las mayores necesidades en muchas iglesias es la “comunidad”. Los pastores hablan sobre el valor de la misma, le dicen a la gente que la necesitan, y dan muchas maneras para que las personas se involucren en ella. Al conectar con otras personas, he encontrado que, en su mayoría, están buscando amistades que los impulsen hacia Cristo. Ese deseo es bueno y piadoso… ¡Yo quiero lo mismo!

El peligro en una iglesia que tiene como objetivo la comunidad, sin embargo, es que muchas veces esta se convierte en el destino. Una vez que las relaciones se han establecido, y que la necesidad de tener amigos ha sido cubierta, el grupo de comunidad permanece así. A los grupos de comunidad les encanta pasar tiempo juntos y tienen amistades ricas, y el concepto de “hacer vida” juntos es fácil y atractivo.

Pero estos amables grupos a menudo se tambalean porque les falta el imperativo de una misión. Se reúnen y viven en comunidad, pero no se involucran en la actividad misionera. Una vez que se producen las amistades o los cambios de vida más atractivos, el grupo comunitario a menudo muere.

Sin embargo, las comunidades de este lado del cielo no están centradas principalmente en nosotros. En las comunidades, se trata de mostrar la gloria de Dios al mundo. Jesús explica claramente que el propósito de la unidad y la comunidad cristiana es dar a conocer al mundo que Dios Padre envió a Jesús a esta tierra (Juan 17: 21-24).

Las comunidades misionales son diferentes en el sentido de que atienden primero el propósito de amistad, amor y unidad, de forma que esto sirva como apología del evangelio ante sus vecinos. La comunidad no es el único propósito del grupo, sino que tiene un propósito misionero. 

En mi experiencia, un grupo de comunidad tiene que ser impulsado firmemente con la verdad del evangelio y el imperativo de hacer discípulos. Su necesidad no es tanto práctica, sino más bien es la del pecado enraizado en el corazón. Este pecado se disfraza de diferentes formas, pero un grupo comunitario debe ver la grandeza del evangelio y el gozo que se encuentra en seguir a Jesús para buscar a otros que están lejos de Dios de forma colectiva. 

En la práctica, encuentro que es crucial que un grupo de este estilo sea entrenado junto. A menudo no lograrán hacer la transición a lo colectivo si se les entrena solo individualmente. Esta es la razón principal por la que en nuestra iglesia entrenamos comunidades juntas.

Comunidades misionales vs. estudios bíblicos

Muchos de nosotros hemos sido integrantes de un grupo de estudio bíblico en algún punto de nuestra vida cristiana. Por lo general, estos grupos leen la Biblia durante un determinado período de tiempo, un día específico de la semana. Normalmente los estudios bíblicos son muy buenos, pero no constituyen enteramente una comunidad cristiana. 

Entonces, ¿cuál es la diferencia? La respuesta corta es que una comunidad misional no es un estudio bíblico, pero una comunidad misional estudia la Biblia.

Un estudio bíblico a menudo se define por una reunión para aprender. Los miembros de una comunidad misional se involucran de forma individual en la Palabra de Dios de manera diaria —nuestra iglesia utiliza una herramienta que llamamos Grupos de transformación de vida— y buscan obedecer a Dios.

La distinción se encuentra principalmente en las expectativas: una comunidad misional espera que alguien que está participando en la comunidad contribuya con algo (1 Co. 14:26), mientras que alguien que viene a un estudio bíblico lo hace para consumir algo.

Ciertamente, la gente necesita estudiar la Biblia, pero estudiarla sin involucrarse en una auténtica comunidad que esté en misión es infructuoso. El propósito de estudiar la Biblia es, desde luego, aprender de Dios y conformarnos a la imagen de Cristo, pero también lo es equiparnos para la obra del ministerio en la iglesia (comunidad) y fuera de la iglesia (misión).

Si queremos tener comunidades convincentes que promuevan la obediencia a la Biblia, nuestra comunidad debería ser natural, neutral y regular, siguiendo el patrón y el ritmo de la vida diaria, no un estudio bíblico de pasada de una hora.

En la práctica, la mayoría de los grupos de estudio bíblico tienen que pensar de forma crítica acerca de cómo la información que están estudiando afecta a su vida diaria y, específicamente, cómo pueden compartirse las buenas noticias de la vida, muerte y resurrección de Cristo con los amigos y vecinos. La transición a este tipo de comunidad requiere reunirse en diferentes formas para diferentes propósitos.

Comunidades misionales vs. grupos pequeños

Los grupos pequeños se han empleado en la iglesia en muchas formas maravillosas durante las últimas décadas. Hay varios tipos de grupos pequeños, pero principalmente se trata de grupos de unas 12 personas que se reúnen semanalmente para conectar, adorar, estudiar la Biblia, y orar los unos por los otros. Muchas veces tratan de servir juntos en el ministerio en su iglesia y su ciudad.

A menudo estos grupos entienden la centralidad de la Biblia, la necesidad de reunirse en comunidad, y el propósito del grupo más allá de sí mismo. He tenido grandes experiencias en este tipo de grupo, pero con frecuencia he visto que existen dificultades a la hora de invitar a otros a unirse, y es a menudo difícil movilizar al grupo entero a que haga algo fuera de la reunión regular.

Al tratar de equilibrar los diferentes objetivos, estos grupos pequeños frecuentemente encuentran dificultades para producir discípulos maduros y también para multiplicarse en nuevas comunidades. ¿Por qué? 

Creo que es porque el éxito todavía se define como la asistencia a un evento, en lugar de que los eventos ayuden a que las relaciones se vuelvan naturales en los ritmos de la vida diaria. Los grupos pequeños con frecuencia intentan crear comunidad y hacer misión fuera de las rutinas normales de la vida, y lo hacen añadiendo un evento semanal, en lugar de redimir con el evangelio la vida diaria de forma intencional, e involucrar a la comunidad en la vida normal.

Una comunidad misional entiende la importancia de los diferentes tipos de reuniones. Una comunidad misional se ve a sí misma como una red de relaciones que tiene una misión común, en lugar de verse definida por la asistencia a un evento. Las comunidades misionales se reúnen, pero las reuniones tienen propósitos diferentes.

También he encontrado que en ocasiones los grupos intentan diferentes tipos de reuniones fuera de su tiempo de reunión normal. Lo intentan un par de veces y luego abandonan esas reuniones porque “no funcionaron”. Trabajo duro para enseñarles que estas prácticas no son una fórmula mágica, sino un ritmo saludable que producirá comunidades más fieles a lo largo del tiempo.

Los grupos pequeños comienzan a cambiar cuando la gente empieza a practicar ritmos que les permiten salir de forma natural con amigos que están alejados de Dios. Cuando un grupo pequeño tiene nombres reales de personas por las que orar y pedir a Dios que las salve, y esas personas comienzan a aparecer en sitios con la comunidad, el grupo está encaminado en la dirección correcta.

Conclusión

No hay una comunidad perfecta, pero por la gracia de Dios, todas las comunidades pueden conformarse más a la imagen de Cristo y ser usadas de forma más fiel para los propósitos de Dios. Sin importar en qué categoría caiga tu comunidad, espero que te veas desafiado a pensar en cómo puedes ser parte de un grupo de discípulos juntos de forma más intencional, y hacer discípulos de aquellos que están alejados de Dios.

Que Dios nos dé la gracia para buscar la plenitud de todo lo que Él quiere para nuestra vida juntos, ¡y que recibamos el gozo de seguir a Jesús y participar en la misión a la que nos ha llamado!

Publicado originalmente para The Gospel Coalition. Traducido por Manuel Bento.