Esta es una excelente pregunta y me alegro que podamos analizarla objetivamente. Algunos podrían argumentar: “Si el medicamento ha sido prescrito por un médico, ¿por qué cuestionar su uso?”. Las razones pueden ser varias, pero creo que sería suficiente recordar que 1) los médicos no somos infalibles, y 2) la mayoría de las personas no se percatan de que prácticamente todas las decisiones en la vida tienen un aspecto espiritual.

Antes de iniciar la discusión, es importante recordar las consecuencias de la caída. Romanos 6:23 nos enseña que “la paga del pecado es muerte”, lo cual implica una muerte física y espiritual para todos los descendientes de Adán. A partir de la caída del hombre, todo ser humano ha padecido en algún momento alguna enfermedad. Nadie muere por buena salud.

Todo órgano es susceptible a enfermarse

Todos los seres vivientes (y no solo los humanos) padecen en algún momento de una enfermedad o disfunción orgánica. Creo que es fácil aceptar aceptar que si el corazón se enferma, este podría causar un infarto o una arritmia cardiaca. Sin embargo, cuando se trata del cerebro, a muchos les cuesta entender y aún aceptar que este órgano pueda requerir un medicamento para ser regulado.

Si el corazón se enferma, esperaríamos que este afecte las funciones que este regula: ritmo cardiaco, presión arterial, el funcionamiento del bombeo cardíaco de la sangre (gasto cardíaco). Pues, de igual manera, si el cerebro se enferma, debemos esperar que se afecten las funciones que el cerebro regula o procesa (el pensamiento, las emociones, el movimiento, la sensibilidad, la conducta, etcétera).

El cerebro puede presentar trastornos de su función, y obviamente las manifestaciones estarán relacionadas a las áreas de disfunción del órgano. Algunas áreas cerebrales controlan el movimiento de una mano o de una pierna, por ejemplo. Otras controlan las emociones (lóbulo frontal), y por tanto la conducta de las personas.

Como mencionamos, la caída relatada en Génesis 3 fue fatal para toda la creación, y eso incluye el cuerpo humano.

Entonces, si el cerebro funciona mal, el paciente podría necesitar la toma de un medicamento que le permita vivir satisfactoriamente. A veces este medicamento podría simplemente disminuir la posibilidad de que la persona experimente una convulsión (epilepsia). Otras veces el medicamento será requerido para controlar cambios de neurotransmisores que afectan la conducta. Para algunos pacientes, el ansiolítico pudiera ser como la insulina para un diabético.

La enfermedad en un mundo caído

Habiendo dicho esto, necesitamos hacer algunas aclaraciones. Uno de los problemas radica en que el pecado puede imitar las enfermedades mentales (las enfermedades que afectan las conductas reguladas por el cerebro), y necesitamos la sabiduría del Señor para no hacer un mal diagnóstico.

Vivimos en un mundo caído lleno de dolor y dificultades que pueden abrumarnos. Como cristianos, necesitamos caminar en el Espíritu para manejar nuestras circunstancias de una forma que glorifique a Dios. Ese caminar se aprende. Pero primero necesitamos olvidar lo que hemos aprendido de las formas del mundo (2 Cor. 10:5) y reemplazarlo con las formas de Dios (Filip. 4:8). Necesitamos, por medio del Espíritu de Dios y su Palabra, poder evaluar correctamente nuestro corazón para reenfocarnos en Dios (Sal. 56:3).

Cuando no pensamos como Dios desea que lo hagamos, traemos consecuencias a nuestras vidas que nos causan ansiedad. En esos momentos, elegir el camino más fácil para sentirnos mejor no es sabio ni bíblico. Por esto es vital que analicemos la causa de la ansiedad antes de tomar medicamentos para eliminarla.

Nunca debemos apresurarnos a determinar si un ansiolítico es necesario, pero tampoco debemos descartarlo en todos los casos. Debe ser un asunto bien pensado y discutido con el profesional médico y el guía espiritual o pastor de la persona.

A veces, la medicación puede ser un estabilizador temporal y pudiera permitir una oportunidad para trabajar en la persona. Cuando la ansiedad ha llegado a un punto en que a la persona se le hace imposible trabajar, los ansiolíticos usados por corto tiempo pueden traer el oasis necesario para que la persona analice de una forma más objetiva y bíblica lo que ocurre. Esto pudiera permitir trabajar en la solución, para comenzar de nuevo con las disciplinas espirituales, como orar, la lectura de la Palabra de Dios, la rendición de cuentas a otros, la meditación en la Palabra, y otras.

Conclusión

Puede ser que los ansiolíticos representen, para muchos, la “vía fácil” de abordar los problemas de la vida. Pero como médico, quisiera advertir en contra de ser simplistas y concluir que no existe ningún estado emocional bajo ninguna circunstancia, o ninguna condición psiquiátrica que requiera el uso de ansiolítico. Hay muchas personas que no pueden funcionar adecuadamente sin sus medicamentos, como aquellos con trastorno bipolar, depresión endógena, esquizofrenia y algunos pacientes, en quienes las condiciones de estr´s han sido tan severas que temporalmente pudiera requerir intervención medicamentosa para incluso poderlos llevar a una condición donde puedan escuchar el consejo pastoral.

Algunos, y en ocasiones muchos, de estos ansiolíticos no debieran ser usados. Pero lo mismo podemos decir de muchos pacientes que reciben antibióticos para condiciones erróneas. De hecho, la mayoría de los antibióticos usados en el cuidado externo de los pacientes no debieran ser prescritos. Eso solo habla de mala práctica en algunos casos, y de la falibilidad del ser humano en otros, y no de la necesidad de hacer desaparecer los antibióticos o los ansiolíticos del mercado.    

Entonces, en resumen, ¿pueden los cristianos tomar ansiolíticos cuando estos son recetados? Es necesario evaluar cada caso individualmente para decidir si estamos frente a un paciente con enfermedad orgánica (esquizofrenia, por ejemplo), si quizá tenemos a alguien donde el uso temporal del medicamento pudiera ayudar a implementar las medidas que mejorarían su caminar con El Señor, o si, por otro lado, su uso es más bien un estorbo a su crecimiento espiritual. Santiago 1:5 nos asegura que “si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”. Clamamos a Él porque “el SEÑOR está cerca de todos los que Lo invocan, de todos los que lo invocan en verdad” (Sal. 145:18).


#CoaliciónResponde es una serie donde pastores y líderes de la iglesia responden a inquietudes que llegan a Coalición por el Evangelio por diversos medios, y que son parte de las inquietudes que caracterizan la iglesia en nuestra región.
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