El pastor John Knox veía cómo su amado país estaba viviendo tiempos turbulentos. La corte papista y la aristocracia se encontraban en una terrible cruzada para suprimir la Reforma Protestante. Cierta noche, Knox se dirigió a un cuarto solitario, pero sin darse cuenta, un amigo cercano le siguió a sus espaldas. Afuera de aquel cuarto se podían escuchar los murmullos de su oración, pero al poco tiempo, los susurros se convirtieron en una ardiente petición. Su amigo podía oír cómo clamaba una y otra vez: “¡Oh Señor, dame Escocia o me muero!”.

La oración de Knox es estremecedora, pero también nos lleva a preguntarnos: ¿Puede la oración realmente cambiar las cosas? Al final, Escocia sí recibió el evangelio de Cristo, pero ¿la oración de este noble pastor tuvo algo que ver?

Una pregunta crucial

R.C. Sproul vuelve a servir a la Iglesia, pero ahora con una serie de mini-libros llamados “Preguntas Cruciales”. Los libros tienen el propósito de presentar las doctrinas esenciales de la Palabra y de responder algunas de las preguntas más importantes de la vida cristiana. “¿Puede la oración cambiar las cosas?” es una de estas obras, y está dividido en 6 capítulos:

  1. El lugar de la oración
  2. El propósito de la oración
  3. El patrón de la oración
  4. La práctica de la oración
  5. Las prohibiciones de la oración
  6. El poder de la oración

Lo que hace de este libro diferente a los demás, aparte de ser conciso, es que busca responder las principales dudas que tenemos sobre la relevancia y el uso de la oración.

A continuación te comparto solo un poco de todas las cosas que podrás aprender en tu lectura.

El lugar de la oración

El conocimiento es importante porque debemos saber cuál es la voluntad de Dios, pero muchas veces solo tenemos deseo de leer libros y no de pasar tiempo en oración. La oración es importante en nuestro estudio de la Palabra porque “el Espíritu Santo enseña, inspira, e ilumina la Palabra de Dios en nosotros. Él nos comunica la Palabra de Dios y nos asiste en nuestra respuesta al Padre en oración” (pos. 55).

La oración no solo es primordial para entender y creer la Palabra, también lo es para el crecimiento cristiano. Jesús dijo que debíamos orar para no caer en tentación.

El propósito de la oración

La oración glorifica a Dios y también nos beneficia a nosotros. Dios quiere que le demos a conocer las peticiones de nuestro corazón, no porque las desconozca (Sal. 139:4), sino porque Él quiere ser glorificado cuando reconocemos nuestra completa necesidad de Él.

Sproul nos ayuda a entender que las oraciones no hacen que Dios cambie de opinión; hay cambios que Dios no hace directamente sino a través de medios secundarios: las personas y sus oraciones. Además, el autor es claro al decirnos que, aunque no entendamos muchas cosas sobre la oración, nosotros debemos orar primeramente porque es algo que Dios nos ordena.

El patrón de la oración

Los discípulos no le pidieron al Señor que les enseñara a predicar o a caminar por las aguas, su petición fue: “enséñanos a orar” (Lc.11:1). En esta sección del libro aprenderás por qué Jesús nos dejó el ejemplo del Padrenuestro y cuáles son los elementos que deben de estar presentes en nuestras oraciones.

La práctica de la oración

Dios no solo dejó el ejemplo del Padrenuestro, también inspiró varias oraciones que están registradas en la Escritura. En ellas podemos ver el fluir en las palabras de los santos; podemos aprender cómo elevar nuestras propias oraciones. Para facilitarnos la tarea, el Dr. Sproul presenta un acróstico (ACAS) para poner en práctica al momento de orar.

Adoración

Confesión

Agradecimiento

Súplica

Las prohibiciones de la oración

“Ora a Dios como le hablarías a cualquier amigo”. Es probable que hayas escuchado ese consejo bien intencionado más de una vez. Sin embargo, Sproul nos advierte que “si existe algo peor que no orar, es orar de una manera indigna” (pos. 744). La confesión y el arrepentimiento siempre deben de ser un elemento primordial en la oración. Spurgeon antes de predicar siempre oraba entre susurros: “se propició a mí, que soy pecador”. Si algo estorba la oración, es el pecado no confesado (1 P. 3:7; Mt. 5:23-24). Las oraciones de aquellos que viven en sus pecados y los fomentan (Sal. 66:18) no son más que soliloquios dirigidos a la nada.

El poder de la oración

En Hebreos 11 vemos a los héroes de la fe; en su libro, Sproul nos hace una lista de los héroes de la oración:

  • Por la oración, el corazón de Esaú fue cambiado respecto a Jacob, de tal modo que se reunieron de manera amistosa más bien que hostil (Gn. 32).
  • Por la oración de Moisés, Dios envió plagas sobre Egipto y luego las quitó (Éx. 7-11).
  • Por la oración, Elías contuvo la lluvia durante tres años y medio. Luego, por la oración hizo llover nuevamente (1 R. 17-18).
  • Por la oración, Salomón recibió sabiduría (2 Cr. 1:8-12).

Conclusión

Las doctrinas de la gracia no son las únicas que han sido desvirtuadas de su contexto bíblico en América Latina; la teología de la oración también ha sido víctima de grandes distorsiones.

A muchos se les ha olvidado que “Dios no es un mozo celestial a nuestra entera disposición presto a satisfacer cada uno de nuestros antojos” (pos. 856). Este pequeño libro es una excelente guía práctica para volver al concepto bíblico de la oración y su importancia para la vida del creyente.


R. C. Sproul. ¿Puede la oración cambiar las cosas? 2015. Poiema Publicaciones, 64 pp. DESCÁRGALO GRATIS AQUÍ.