Antes de responder directamente esa pregunta, es importante aclarar que es poca la información bíblica que disponemos con respecto al tema de la caída en pecado de Satanás y otros seres angelicales. En algún momento luego de la creación de los ángeles (que no sabemos cuándo sucedió), parece que su obediencia fue puesta a prueba (como sucedió con Adán en el paraíso).

Tampoco se nos dice específicamente en qué consistió esa prueba. Sí sabemos que después de ese evento, Satanás se envaneció, cayendo en pecado junto a una cantidad considerable de ángeles. Pablo lo recalca en 1 Timoteo 3:6, cuando dice que el que aspire al obispado no debe ser un recién convertido, “no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo”.

El Señor Jesucristo nos dice en Juan 8:44, hablando de Satanás que “El fue un asesino desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira”. Y en 1 Juan 3:8 se dice: “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio”. Algunos ven una doble referencia en Isaías 14:12-15 y en Ezequiel 28:11-19. Es decir, una referencia directa al rey de Babilonia y el rey de Tiro, pero también una descripción más detallada de la caída de Satanás. En todo caso, es imposible dogmatizar este punto.

El hecho de que todo fuera perfecto en el cielo no necesariamente implica que los ángeles creados por Dios no tuvieran una voluntad con capacidad de elegir lo bueno o lo malo, como era con Adán y Eva en el paraíso perfecto, antes de la caída. En ese sentido Satanás actuó con plena responsabilidad por un lado, pero bajo el plan determinado del Dios soberano por el otro.

Y así como Satanás contribuyó a la entrada del pecado al mundo, y con eso todas las desgracias correspondientes, se cumplió también el plan de Dios de enviar a Jesucristo al mundo, viviendo una vida perfecta y venciendo con su muerte en la cruz. De modo que, a pesar de las terribles consecuencias del pecado de Satanás, nuestro Señor Jesucristo triunfó sobre él en la cruz, y algún día su victoria será hecha visible, cuando el Diablo y sus ángeles sean lanzados al fuego eterno (Mt. 25:41).

Demos pues gracias a Dios por la victoria de Jesucristo, y recordemos las palabras escritas en Hebreos 2:14-15,

“Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquél que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida”.


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