Fragmento adaptado de Mujer de la Palabra: Cómo estudiar la Biblia con mente y corazón. Jen Wilkin. B&H Publicaciones.

Creo que la iglesia necesita con urgencia maestras bien equipadas, que manejan bien la Escritura, con cuidado y diligencia, y que tengan un corazón para la alfabetización bíblica. Es importante que mujeres enseñen a mujeres y que lo hagan con excelencia. Creo que es de gran importancia por tres razones.

Primero, necesitamos el ejemplo de maestras. Cuando una mujer ve a alguien que se parece a ella y suena como ella mientras enseña la Biblia con pasión e inteligencia, empieza a reconocer que ella también puede amar a Dios con su mente, quizás más de lo que había creído necesario o posible. Si yo solo hubiera oído a hombres enseñar bien la Biblia, no sé si me hubiera considerado capaz de hacer lo mismo. Gracias al Señor que me dio mujeres inteligentes y diligentes que establecieron un ejemplo de lo que significa abrir la Palabra con reverencia y habilidad.

Segundo, necesitamos la perspectiva de maestras. Una maestra, de manera natural, se inclinará hacia aplicaciones y ejemplos que son accesibles y reconocibles por otras mujeres. Piensa: menos analogías tomadas del fútbol y de las películas de acción y más del canal HGTC (Home and Garden Television) y de las comedias románticas; menos sobre la adicción a la pornografía o la abdicación de la responsabilidad y más sobre asuntos relacionados con la autoestima y con los pecados de la lengua. Una maestra también identificará diferentes verdades del texto de las que encontraría un hombre. Esto no es para decir que ella va a hacer que un texto sea femenino [...], pero sí que enfatizará aquellos elementos del texto que subrayan el papel de la mujer en la historia de la redención o que tratan de asuntos pecaminosos que la mujer enfrenta.

Tercero, necesitamos la autoridad de maestras. Una mujer puede decirle a otra que no continúe tratando a sus hijos o esposo como si fuesen ídolos, de una manera en la que un hombre no podría. Una mujer podría enfrentar a otra en asuntos tales como la vanidad, el orgullo, la sumisión y el contentamiento de una manera en la que un hombre no podría. Las maestras pueden tener una autoridad que muestra empatía con sus estudiantes y mujeres; tenemos la habilidad de decir: “Entiendo los pecados que te asedian y los temores implícitos a ser mujer, y te recomiendo el consejo suficiente de las Escrituras”.

Entonces, desde ya, pregúntate si el Señor te está llamando a enseñar. La iglesia necesita mujeres que enseñen a mujeres.


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