Este miércoles, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela sentenció que asumirá las competencias del parlamento, debido a la situación de “desacato” que persiste en la Asamblea Nacional (AN) actual de mayoría opositora al gobierno de Nicolás Maduro.

Esta acción del TSJ es calificada como un golpe de estado, según grupos y diputados opositores, ya que deja a la AN sin poderes.

La Cancillería de Perú habló de esta decisión como una “arbitraria medida que violenta el Estado de Derecho y constituye una ruptura del orden constitucional y democrático” en Venezuela, al tiempo que retiró a su embajador del país.

Los gobiernos de Argentina y México también expresaron su preocupación al respecto, al igual que el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), quien convocó a un Consejo Permanente de Emergencia para tratar este asunto.

Mientras líderes del oficialismo celebran esta medida a favor del gobierno actual, la oposición ha anunciado protestas pacíficas en las calles del país, para este sábado 1 de abril.

Este evento marca un escalón más en la crisis política en torno a la AN desde que sus diputados fueron escogidos en elecciones populares el 6 de diciembre de 2015.

Desde entonces, el TSJ ha decretado medidas que han obstaculizado el desempeño de la AN. El Tribunal ha justificado sus medidas argumentando que la Asamblea está en desacato constitucional debido a la integración en ella de los diputados escogidos por el Estado Amazonas, impugnados por presuntos fraudes electorales.

Sin embargo, la AN desincorporó a tales diputados semanas atrás, por lo que la oposición argumenta que la Asamblea ya no se encuentra en desacato. Además, han señalado que la Sala Constitucional del TSJ no puede ejercer funciones de la AN, debido a que tal traspaso de poderes no estaría acorde a las leyes venezolanas.

¿Qué podemos hacer?

Como Iglesia, debemos recordar que ningún aspecto de esta crisis política se escapa de la soberanía de Dios. Él usa todas las cosas para nuestro bien (Romanos 8:28), y esa es una promesa en la que podemos descansar en días turbulentos.

No entendemos perfectamente cómo el hombre es responsable de sus decisiones al mismo tiempo que Dios es absolutamente soberano sobre todo evento, pero ese es un misterio bíblico en el que podemos descansar, aunque haya serios problemas políticos en nuestros países.

En segundo lugar, los cristianos tenemos el privilegio de poder acercarnos al trono de la gracia en oración, por medio de Cristo. ¡No menospreciemos la oración! Somos llamados a orar por toda clase de personas, incluyendo las que están en eminencia (1 Timoteo 2:1-8).

Al orar, pidamos a Dios que no se desencadenen eventos violentos en Venezuela, como han ocurrido en el pasado, y que Su Nombre sea exaltado en medio de toda esta situación.

Por último, aunque no dependemos en última instancia de los políticos, es crucial que no dejemos que esta clase de eventos nos llenen de frustración, conduciendonos a dejar de darle importancia a la política. A pesar de que estamos en un mundo manchado por el pecado, las ciencias políticas tienen mucha utilidad y pueden ser de enorme beneficio para el bien común.

Como cristianos, somos llamados a participar en todas las esferas de la vida para la gloria de Dios y el bienestar de las personas que nos rodeen. Por tanto, esta clase de situaciones tensas debe llevarnos a considerar cómo los creyentes podemos involucrarnos mejor en los procesos políticos de aquí en adelante, en Venezuela y en otros contextos. Algunos creyentes estamos llamados solo a votar y buscar expresarnos con sabiduría, respetando a las autoridades, mientras otros han sido llamados no solo a eso, sino también a involucrarse más aún en la política.

Confiando en la soberanía de Dios, descansando en Él en oración, y considerando cómo contribuir mejor al desarrollo político de nuestros países, los creyentes podemos ser luz en medio de momentos turbulentos como el que atraviesa Venezuela.