Hebreos 9:27 nos enseña que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. La muerte es una realidad para todos, tan real como la vida. 

Nadie evita su cita con la muerte. Es como lo expresó Woody Allen: “No le temo a la muerte, solo que no me gustaría estar allí cuando suceda”.

El asunto es, ¿qué pasa luego de la muerte?

Aquí los caminos divergen: es muy diferente lo que sucede con el cristiano que con el no cristiano. El cristiano va a la presencia de su Salvador inmediatamente. No hay ninguna condenación para el creyente, ya que el Hijo de Dios fue juzgado por nosotros en la cruz (Ro. 8:1). Por su parte, la persona sin Cristo enfrentará el juicio por sus pecados, pasando la eternidad en el infierno.

En relación al proceso judicial de Dios podemos compararlo a un individuo que es arrestado por cometer varios delitos. En su primera instancia es encerrado por la policía a un destacamento local. De allí será trasladado a un tribunal de justicia para ser condenado por un juez competente. Desde allí será conducido a una penitenciaria donde pasará el resto de su condena.

Así es el triste fin de una persona que muere sin Cristo, que muere en sus pecados. Será trasladado a un lugar de tormento, aguardando la resurrección y juicio final. Allí será condenado por el Juez Justo y Santo. Y finalmente será arrojado al lago de fuego y azufre, su morada final, donde estará allí por los siglos de los siglos[1].

¿Recuerdan al ladrón crucificado al lado del Señor? Creyó en Jesús estando ambos suspendidos en la cruz, sin ninguna posibilidad de hacer obras que lo salvaran: hacer el bien, ir a la iglesia, bautizarse… Solo le quedaba algo por hacer: morir.

¿Pero qué nos enseña Lucas 23:43? “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Pablo escribe sobre su esperanza de morir e ir inmediatamente con el Señor en Filipenses 1:21-24 “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia…teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”.

Jesús compartió una historia (¿o parábola?) en Lucas 16 sobre 2 personas que mueren, uno es condenado por siempre y el otro salvo para siempre: “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”, Lucas 16:22-23. Uno sufre los tormentos de la condenación inmediatamente luego de fallecer;  el otro disfruta de consolación eterna en compañía de Abraham.

Vale la pena preguntarnos, ¿qué hizo ese mendigo para llegar allí junto al creyente Abraham? Aquí ya tenemos una pista enorme: sabemos qué hizo Abraham para llegar al cielo. Sabemos que hay un solo acceso a la vida eterna. El mendigo llego allí por la misma puerta que llego Abraham. “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham”, Gálatas 3:6-7.

Le creyó a Dios. Solo los que colocan su fe en Cristo son salvos por gracia, no por obras de justicia propia (Tito 3:5 Efesios 2:8-9) sino por la obra de Cristo en la Cruz. Alguien una vez me dijo con ironía e ignorancia: nadie volvió de la muerte para decirnos qué pasa. Le cité este versículo, donde Cristo habla:

“Y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”, Apocalipsis 1:18

Entonces, ¿qué pasará contigo después de la muerte? ¿Tienes la certeza de Pablo, tienes la esperanza del ladrón arrepentido, tienes la salvación del mendigo? ¿Tienes a Cristo?

 


[1] Solo observe lo que Cristo dijo del infierno: “fuego” Mateo 7:19, 13:40, 25:41 “fuego eterno” Mateo 18:8, 25:41 “juicio eterno” Marcos 3:29 “infierno de fuego” Mateo 5:22, 18:9, Marcos 9:47 “condenación” Mateo 23:14, Marcos 12:40, Lucas 20:47 “será condenado” Marcos 16:16 “condenación del infierno” Mateo 23:33 “resurrección de condenación” Juan 5:29 “horno de fuego” Mateo 13:42, 50 “el fuego que no puede ser apagado” Marcos 9:43, 45 “el fuego que nunca se apaga” Marcos 9:44, 46, 48 “Donde el gusano de ellos no muere” Marcos 9:44, 46, 48 “lloro y crujir de dientes” Mateo 13:42, 50 “lamento y crujir de dientes” Mateo 8:12, 22:13, 25:30 “tormentos” Lucas 16:23 “atormentado en esta llama” Lucas 16:24 “lugar de tormentos” Lucas 16:28 “tinieblas de afuera” Mateo 8:12, 22:13 “castigo eterno” Mateo 25:46