Muy a menudo los líderes musicales en la iglesia han sido más influenciados por la cultura contemporánea, la cultura rock, que por las Escrituras a la hora de pensar lo que deben hacer. Entonces, cuando pensamos sobre las cosas más importantes que un líder de adoración o líder musical debe recordar, puedo pensar en al menos tres.

Lo primero a pensar, es de dónde viene el poder. Los músicos están acostumbrados a afectar a las personas con sus talentos, sus arreglos, o la iluminación. En Romanos 1, versículo 16 Pablo dice, “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree”. Así que, cuando estoy dirigiendo una iglesia o congregación para cantar alabanzas a Dios, quiero recordar que el poder no viene de mí, de las luces, o de los arreglos, sino de la declaración clara y la exposición del evangelio: que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a esta tierra, nació como un bebé, vivió una vida perfecta, murió en la cruz por los pecados de aquellos que confían en Él soportando la ira de Dios en su lugar, que se levantó de los muertos, ascendió a la mano derecha del Padre donde ahora intercede por nosotros, y que un día regresará por la esposa que Él redimió. La verdad del evangelio es el poder que tenemos cada vez que nos paramos frente a la gente.

La segunda cosa a recordar, es de dónde viene la autoridad. La autoridad no viene de mi experiencia. He dirigido canciones en la iglesia por más de cuarenta años. Eso no me da autoridad. Lo que me da autoridad es la Palabra de Dios. Pablo dice en 2 Timoteo 3:16 que “toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia”. La Palabra de Dios tiene la autoridad cuando nos reunimos. Por lo tanto, la Palabra de Dios es la que gobierna las palabras que cantamos. Las palabras que cantamos deben estar arraigadas en la en verdades Escriturales. La Palabra de Dios gobierna qué hacemos cuando nos reunimos. No podemos simplemente reunirnos y hacer lo que sea que “funcione”. Queremos que la Escritura nos diga qué hacer y qué no hacer. Así que, la autoridad no viene de mí, no del líder, sino de la Palabra de Dios.

Y en tercer lugar, creo que queremos recordar de dónde viene la transformación; cómo es que la gente realmente cambia. Una cosa es dirigir canciones en la iglesia de tal manera que la gente quiera regresar y verte dirigir más canciones. Y de nuevo, eso es más bien, creo, un producto de ser influenciado más por la cultura musical contemporánea que por la Palabra de Dios. Cuando dirijo, no tengo el poder de cambiar las vidas de la gente. Mi objetivo al dirigir no es querer que ellos regresen a verme dirigir otra vez. Nuestro objetivo al dirigir es ver a la gente, los individuos que dirigimos, transformarse más y más a la imagen de Cristo. La única manera en que eso sucede es a través del Espíritu de Dios. 2 Corintios 3:18 nos dice esto, “Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu”. Así que, si yo creo que es el Espíritu el que transforma los corazones y vidas y no yo, eso va a significar un sinnúmero de cosas. Voy a escuchar la dirección del Espíritu mientras planifico y dirijo. Voy a orar para que el Espíritu se mueva en los corazones de la gente para conformarlos a la imagen de Cristo, y voy a regocijarme al final de mi dirección de que es Dios quien ha hecho el trabajo, y es Jesucristo quien ha sido exaltado y es todo para Su Gloria.