Rudolf Bultmann fue el teólogo alemán más conocido del siglo XX. En este artículo vamos a resumir su pensamiento en ocho puntos.

1. Bultmann no se fió de los relatos bíblicos.

Bultmann puso en tela de juicio la historicidad literal de los evangelios. A partir de su primera obra publicada, Historia de la tradición sinóptica (1921), Bultmann quería llegar a las tradiciones orales sobre las cuales los sinópticos del Nuevo Testamento (Mateo, Marcos, y Lucas) habían basado sus narraciones evangélicas. En vez de aceptar la Biblia como divinamente inspirada por Dios, Bultmann, siguiendo la línea de Günkel (1862-1932), Dibelius (1883-1947), y Schmidt (1891-1956), abrazó el método de la “historia de formas”. Estaba convencido de que el Cristo mencionado en los evangelios fue una invención de la iglesia primitiva, el cual no tenía nada que ver con el Jesús de la historia.

2. Bultmann negó la importancia de la historia literal.

Puesto que la teología no podía tener acceso al Jesús de la historia, Bultmann recalcó que el Cristo de la fe es lo que realmente importa en el quehacer teológico. Por lo tanto, los relatos históricos acerca de Jesús no tienen por qué interesarnos, sino el significado de esos eventos. Por ejemplo, Bultmann no creía en la resurrección literal del cadáver de Jesús. La resurrección es simplemente lenguaje mítico que nos ayuda a entender la importancia trascendental del Cristo para los discípulos. Según el análisis de Xabier Pikaza, “Lo que vale y nos salva no es su historia, sino el mensaje eterno de su pascua, el mito de la presencia y/o acción de Dios en nuestra vida”.1

3. Bultmann inauguró la desmitologización.

La metodología teológica de Bultmann está claramente explicada en su conferencia más famosa, “El Nuevo Testamento y la mitología” (1941). En ella, el teólogo destaca la necesidad de desmitificar el mensaje de la Biblia. ¿Qué quiere decir desmitologización? Es la idea de que los escritores del Nuevo Testamento estaban culturalmente condicionados por la cosmovisión mítica del primer siglo. Así que en vez de apelar a la ciencia empírica como un modo de explicar el estado del mundo, los autores bíblicos se referían a conceptos premodernos tales como ángeles, demonios, milagros, etc., y creían que el universo estaba dividido en tres partes: el cielo, la tierra, y el infierno.

Tal forma de pensar, razonó el alemán, ya no sirve en la época moderna porque el hombre ha alcanzado “la mayoría de edad” (Kant). Lo que hace falta es una desmitologización, esto es, quitar todo el ropaje mitológico del Nuevo Testamento para dejar el mensaje central: el kerigma. El proceso de la desmitologización, pues, fue otra muestra más del escepticismo bultmanniano hacia los elementos sobrenaturales registrados en el texto bíblico.

4. Bultmann ofreció una interpretación existencialista del cristianismo.

El proceso de la desmitologización solo fue una parte del proyecto hermenéutico de Bultmann. Además de quitar el lenguaje mitológico primitivo de las Escrituras, el teólogo reinterpretó los mitos para su propia generación según una determinada escuela filosófica.

El sistema que Bultmann escogió —gracias, en parte, a la influencia de Martín Heidegger (1889-1976)— fue el existencialismo. El existencialismo sirvió el propósito teológico de Bultmann, porque el alemán no creía en la importancia de la historia literal y quería centrar su atención en el aspecto subjetivo de la fe. En Bultmann, pues, todas las categorías teológicas se tornan existencialistas. El pecado, por ejemplo, ya no se trata de romper la ley divina sino de no vivir auténticamente. Vivir de una forma no auténtica, según Bultmann, es cuando uno quiere vivir por sí mismo con las propias fuerzas y no abrirse a Dios.

5. Bultmann hizo hincapié en el kerigma de la cruz.

Mediante la desmitologización y la reinterpretación del mensaje cristiano para la edad moderna, el predicador puede proclamar el kerigma de la cruz. Bultmann, como buen luterano, creía que el ser humano se encuentra con el Cristo crucificado a través de la Palabra predicada. De hecho, él mismo se entregó a la tarea de la predicación a lo largo de su distinguida carrera académica.

Bultmann criticó la tradición liberal en la cual había sido versado por dar más énfasis a la obra social en vez de la proclamación de la Palabra de la cruz. Bultmann estimaba que los liberales habían quitado del cristianismo el escándalo de la cruz. Proclamó: “El objeto de la teología es Dios, y el reproche que lanzamos contra la teología liberal es éste: ella no se ha tratado de Dios, sino del ser humano. Dios significa la radical negación y superación del ser humano. Por eso, la teología, cuyo objeto es Dios, no puede tener otro contenido que el Logos de la cruz. Pues bien, este Logos es escándalo para el ser humano. Por eso el reproche contra la teología liberal es que ella ha querido evitar o suavizar este escándalo”.2

6. Bultmann presentó una escatología realizada.

En Bultmann, la escatología no tiene nada que ver con el futuro literal. El momento escatológico —como decía su colega neo-ortodoxo Karl Barth (1886-1968)— es ahora, solamente ahora. La vida eterna se experimenta en el aquí y ahora cuando el ser humano responde en fe ante el anuncio del kerigma. Esta vida eterna es existencia auténtica en la cual el hombre decide vivir en radical dependencia de Dios.

Para Bultmann, la historia “está absorbida por la escatología”.3 En su tomo sobre Historia y escatología (1958), comentó: “En tu propio presente reside el sentido de la historia, y tú no puedes contemplarlo como espectador, sino únicamente en tus decisiones responsables. En cada instante dormita la posibilidad de ser el instante escatológico. Tú has de despertarlo”.4 El futuro no importa; lo que cuenta es el momento escatológico ahora.

7. Bultmann produjo una fe antropocéntrica.

A pesar de que Bultmann reprochara a sus maestros liberales por tratar del hombre y no de Dios, su enfoque existencialista le llevó a caer en la misma trampa antropocéntrica. Según Barth, Bultmann había vuelto al liberalismo porque en el pensamiento del alemán la fe es una especie de respuesta humana mediante la cual el hombre llega a la autocomprensión. En realidad, todo el kerigma bultmanniano y su escatología giran en torno a la existencia auténtica del ser humano. Bultmann creyó que solo una teología antropocéntrica podía ser de utilidad para el hombre moderno ya que este interroga constantemente el significado de su existencia en este mundo.

Dado que Bultmann no creía en el “sentido” de la historia literal, el único sentido verdadero se da en el seno del individuo. Por lo tanto, la teología no tiene nada que ver con la sociedad, la política, o la creación; únicamente con el creyente individual. En fin, es una teología puramente centrada en el ser humano.

8. Bultmann desacreditó la apologética.

Si el kerigma de Dios llega al ser humano a través de su encuentro personal interior con el kerigma, la apologética se hace imposible. ¿Por qué? Porque las afirmaciones teológicas no se pueden demostrar fuera de la esfera subjetiva. No hay un criterio objetivo para defender el evangelio. “Fuera de la revelación no existe nada”.5 Entonces no se puede razonar con un incrédulo. Todo lo que el cristiano puede hacer es predicar al no creyente.

Escribe Bernard Ramm: “De acuerdo a Bultmann, no puede haber apologética. Las únicas declaraciones probatorias son declaraciones referentes a hechos de toda clase y declaraciones teológicas que no son de este orden. Son más bien declaraciones de posibilidad y ante ellas lo único que podemos hacer es decidir. Las declaraciones de la teología son indemostrables. Sencillamente uno oye la convocatoria de Dios en el kerigma o no la oye. Si la oye, entra en un nuevo entendimiento de sí mismo. Presumiblemente, este nuevo autoentendimiento es su propia verificación”.6

Hacia una evaluación evangélica

La fe evangélica conservadora aprecia el gran deseo de Bultmann de alcanzar al hombre moderno con el mensaje eterno del evangelio. Además, comparte su pasión por la predicación del Cristo crucificado y resucitado, y su énfasis en la necesidad de encontrarse con Dios a nivel personal.

No obstante, los evangélicos han criticado a Bultmann severamente por su escepticismo radical hacia la veracidad histórica de los relatos neotestamentarios, sobre todo en cuanto a la resurrección de Cristo. Como destacó Gresham Machen: “La gran arma con la cual los discípulos de Jesús salieron a conquistar el mundo no fue una simple comprensión de principios eternos; era un mensaje histórico, un relato de algo que ocurrió; era el mensaje: ‘Ha resucitado’”.7 La doctrina no se puede separar de los eventos históricos sobre los cuales está fundamentada.

Se ha criticado el antropocentrismo del sistema bultmanniano en el nombre del teocentrismo de las Escrituras. Y, finalmente, se ha cuestionado si Bultmann entendió la verdadera razón por la que el hombre moderno no quiere aceptar el kerigma. En palabras de Harvie Conn: “La premisa de Bultmann de que la pertinencia del evangelio será vista claramente por el hombre moderno olvida la depravación del corazón humano. No es la ‘desmitologización’ sino el Espíritu Santo el que puede disipar las tinieblas de la incredulidad y producir que el pecador vea el evangelio. A pesar de todos los esfuerzos que se hagan por aplicarle el evangelio (ya sean buenos o malos), el ‘hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios porque para él son locura’ (1 Corintios 2:14)”.


[1] PIKAZA, Xabier, ‘Prologo’ en BULTMANN, Rudolf, Historia de la tradición sinóptica (Sígueme: Salamanca, 2000), p. 27.
[2] BULTMANN, Rudolf, Historia de la tradición sinóptica (Sígueme: Salamanca, 2000), p.36.
[3] Citado en MOLTMANN, Jurgen, La venida de Dios (Sígueme: Salamanca, 2004), p. 44.
[4] Ibíd., p. 44.
[5] BULTMANN, Rudolf, Creer y comprender (STVDIVM Ediciones: Salamanca, 1974), p. 125.
[6] RAMM, Bernard, Diccionario de teología contemporánea (Casa Bautista: El Paso, 1984), pp. 11-12.
[7] GRESHAM MACHEN, J., Christianity and Liberalism (Victory Press: Londres, 1923), pp. 28-29.
Imagen: Wikipedia.