Seguramente has escuchado el himno Sublime Gracia, ¿cierto?

“Ninguna otra canción, espiritual o secular, se acerca en términos de números de grabaciones (más de tres mil en Estados Unidos solamente), frecuencia en interpretaciones (es cantada públicamente al menos diez millones de veces al año), popularidad internacional a través de los seis continentes, o longevidad cultural”.1

Aunque se trata de un himno muy querido, la vida de su autor, John Newton, no es tan conocida, a pesar de ser un hombre que, nos dice John Piper, fue tal vez “el calvinista más feliz en la historia”.2

Pocas personas de la historia de la iglesia han impactado mi vida como Newton. Su humildad, asombro por el evangelio, y sabiduría en todos sus escritos, son ejemplares para todo creyente. J. I. Packer ha dicho que “el extraficante de esclavos John Newton fue el más amigable, sabio, humilde, y menos agresivo de todos los líderes evangélicos del siglo XVIII, y tal vez el escritor más grande de cartas pastorales en toda la historia”.3

Transformado por la gracia

Newton nació en Londres el 24 de julio de 1725, hijo de un capitán marinero. Los primeros 23 años de su vida fueron un descenso vertiginoso para él. John era un joven con una lengua profana y un carácter rebelde que lo metió en muchos problemas serios, trayendo sobre sí duras aflicciones que en más de una ocasión casi acaban con su vida.

John Newton
John Newton

Arrastrado por los apetitos de la carne y los deseos de este mundo, Newton incluso llegó a introducirse en la hechicería y la promiscuidad sexual. Él llegó a encontrar placer en conducir a otras personas a la tentación, como luego confesó:

“No contento con correr el camino ancho por mí mismo [en alusión a Mateo 7:13], yo era incansable en tentar a otros; y, si mi influencia hubiese sido tan grande como mis deseos, hubiese traído a toda la humanidad conmigo. Tuve la ambición de un César o Alejandro, y quería estar entre los más malvados de toda la raza humana”.4

Su vida comenzó a dar un giro drástico en la noche del 21 de marzo de 1948. Newton estaba sumergido en la industria de la esclavitud. Trabajaba en el Greyhound, un barco transportador de esclavos africanos, cuando una enorme tempestad azotaba la nave, amenazando con inundarla.

Esa tempestad le hizo sentir la tormenta que ya había en su alma inundada en la perdición. El joven John Newton clamó al Señor por misericordia y, aunque se desconoce el momento preciso de su conversión, en aquel entonces empezaron a observarse grandes cambios en su vida. La tormenta que casi acaba con el Greyhound desapareció, y el sol empezó a brillar en la vida de Newton.

Eventualmente, Newton llegó a abrazar a Cristo como su Señor y Salvador, se casó con el amor de su vida (una joven llamada Polly), y abandonó la industria de la esclavitud. Newton desarrolló un apetito insaciable por conocer más la Palabra de Dios y empezó a aspirar ejercer el ministerio pastoral.

John Newton llegó a servir por muchos años como pastor en el pueblo de Olney (Inglaterra), y posteriormente en Londres, adquiriendo reconocimiento por su autobiografía, sus libros, y su predicación. Sin embargo, sus trabajos más notables fueron sus cartas pastorales e himnos (muchos de los cuales escribió con su amigo William Cowper, uno de los grandes poetas de su época).

Newton también es conocido por haber mentoreado y ayudado a William Willbeforce, político célebre por impulsar y lograr la eliminación de la industria de esclavos en el Imperio Británico. La amistad entre ambos nos recuerda la importancia de ayudar a otros cristianos a seguir sus vocaciones y luchas conforme a la Palabra de Dios, entendiendo el impacto visible en el mundo que ellos pueden llegar a tener. También nos recuerda el poder del evangelio para redimir nuestro pasado. Cuando Dios nos llama a salvación, también nos llama a ser luz en el mundo, y nuestra previa experiencia puede servirnos para luchar contra los males actuales de la sociedad que nos rodea.

En medio de todo su servicio al Señor, a lo largo de su vida cristiana, Newton nunca dejó de asombrarse por la gracia de Dios. El hecho de que Newton haya sido un traficante de esclavos perdido en sus pecados, es un recordatorio para nosotros de que nadie en este mundo está fuera del alcance del poder transformador del evangelio; algo que Newton recordaba de manera especial también cuando predicaba y escribía carta pastorales. Esto se percibe en muchos de sus escritos, incluyendo su himno más famoso.

El himno de una vida rescatada

Sublime Gracia fue concebido por Newton a finales de diciembre de 1772, cuando preparaba el sermón que predicaría en su iglesia el 1 de enero de 1773. Ese fue el día en el que el himno más famoso del mundo fue cantado públicamente por primera vez.

Newton decidió que aquel sermón sería sobre 1 Crónicas 17:16-17. Ahí se encuentra el inicio de la oración que David presentó al Señor después de que el profeta Natán le dio a conocer la promesa y bendición de Dios sobre su descendencia: “... ¿Quién soy yo, oh Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí?... Me has considerado conforme a la medida de un hombre excelso, oh Señor Dios”.

El biógrafo Jonathan Aitken escribe: “Puede haber pocas dudas de que Newton vio paralelos espirituales entre la gracia de Dios hacia el rey David y la gracia de Dios hacia él. Ambos habían sido los peores de los pecadores; ambos habían soportado viajes tempestuosos de drama extraordinario; ambos habían sido recipientes de la misericordia, salvación, y gracia inmerecida de Dios”.5

De hecho, Aitken señala que el 31 de diciembre de 1972 coincidió con el final de un volumen amplio del diario de Newton desde poco después de su conversión, lo cual lo conmovió profundamente, influyendo en la escritura de su himno. John resumió sus sentimientos al respecto en la última página de ese diario con estas palabras: “¡Cuántas escenas he atravesado en ese tiempo! ¡De qué manera el Señor me ha guiado! ¡Cuántas maravillas me ha mostrado!”.6

Otra de las razones por las que escribió el himno fue su deseo de ayudar a su amigo William Cowper en medio de su depresión. Newton deseaba que, cuando alguien escuchara Sublime Gracia, recobrara gozo al considerar la bondad de Dios.

Resulta extraño que Newton sea más conocido por este himno que por sus sermones. Eso es algo que seguro él mismo no llegó a esperar, lo cuál nos enseña que Dios puede obrar de maneras sorprendentes a través de nosotros, llegando a ser de edificación para muchos cristianos de formas que no podemos escoger. Él es soberano para hacer que las cosas que pueden parecer menores en nuestro servicio resulten a la larga ser las más significativas para incontables de nuestros hermanos en la fe.

Al igual que Newton, es posible que jamás percibamos completamente cómo el Señor nos usa mientras estemos de este lado de la eternidad. Esto debe animarnos a servir con alegría siempre que podamos, en lo poco y en lo mucho, en los lugares en donde Dios nos haya puesto, descansando en su soberanía.

Solo por la gracia de Dios

Hay mucho para aprender de Newton, pero tal vez ninguna enseñanza en su vida es más clara que la necesidad de recordar constantemente la salvación del Señor para vivir vidas humildes, agradecidas, y abrumadas ante su majestad.

La gracia de Dios nos da la fortaleza para perseverar hacia la meta a pesar de las dificultades y tribulaciones que tengamos en el camino. Cristo es suficiente y digno de toda nuestra adoración por lo que Él ha hecho por nosotros. “Nadie excepto Jesús” era el lema de Newton.

Bien enseñó él, al inicio de su ministerio: “La gracia, la libre gracia, debe ser la sustancia de mi discurso, decirle a todo el mundo de mi experiencia de que hay misericordia para blasfemos, para el más endurecido, para el más complicado miserable”.7 Y poco antes de morir, algunas de sus últimas palabras fueron: “Mi memoria casi se ha ido, pero recuerdo dos cosas: Que soy un gran pecador y que Cristo es un gran salvador”.8

Tal vez el sermón más conocido de Newton fue uno que predicó sobre 1 Corintios 15:10 en casa de un amigo. El autor Tony Reinke explica que todo lo que queda de ese sermón es el siguiente bosquejo que describe la vida cristiana:

No soy lo que debo ser.
¡Ah! Cuán imperfecto y deficiente.
No lo que podría ser,
considerando mis privilegios y oportunidades.
No lo que deseo ser.
Dios, quien conoce mi corazón, conoce que deseo ser como Él.
No soy lo que espero ser,
antes de dejar este tabernáculo de barro, para ser como Él y verlo como Él es.
No lo que una vez fui,
un hijo del pecado, un esclavo del diablo.
Aunque no soy todo eso,
  no lo que debo ser,
  no lo que tengo poder para ser,
  no lo que deseo ser,
  no lo que tengo esperanza de ser,
  no lo que una vez fui,
Creo que verdaderamente puedo decir con el apóstol,
 ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’
”.9

Con esas palabras, Newton nos enseña que la vida del creyente es una vida impulsada y sostenida por gracia. Todo cristiano necesita entender que en nuestros corazones no debe haber espacio para la jactancia. Sin el amor del Señor, estaríamos perdidos y sin ningún progreso espiritual. Por eso, aunque todavía nos falte mucho por crecer, podemos vivir agradecidos y gozosos en Él. Esto nos conduce a vivir en humildad, con paciencia hacia nuestro prójimo, y descansando en la buena voluntad del Señor.

Tengamos la mirada puesta en Cristo

Newton nos ejemplifica la verdad de que jamás podremos dar fruto en la vida cristiana a menos que entendamos cada día más la bondad de Dios en el evangelio y nos gocemos en Él, a quien pertenece toda la gloria. Por eso necesitamos tener nuestra mirada enfocada en el Señor.

Este hombre enseñaba que un cristiano maduro es aquel que ha aprendido que “su mayor negocio es contemplar la gloria de Dios en Cristo; y por contemplarla, él es cambiado a la misma imagen, y trae los frutos de justicia de una manera eminente y uniforme, los cuales son por Jesucristo para la gloria y alabanza de Dios” (2 Cor. 3:18;4:6; Fil. 1:11).10 Y en una carta escribió: “Esto incluye todo lo que puedo desear por ti — que crezcas en la gracia y en el conocimiento del Señor Jesús. Conocerlo, es la descripción más breve de la verdadera gracia; conocerlo mejor, es la marca más segura de crecimiento en gracia; conocerlo perfectamente, ¡es la vida eterna!”.11

Por supuesto, estar centrados en Cristo se trata de una lucha contra nuestra tendencia a estar centrados en nosotros y nuestras circunstancias. “Si puedo hablar desde mi propia experiencia, encuentro que mantener mis ojos simplemente en Cristo, como mi paz, y mi vida, es por mucho la parte más de difícil de mi llamado”.12 Con todo, Newton nos confronta y exhorta a avanzar hacia nuestra meta, modelando una vida de una humildad que nunca dejó de estar asombrada por ser recipiente de la salvación que solo está en Jesús. Él se enfocó en la gracia sublime: Dios se encargó de que aún hoy cantáramos de su Sublime Gracia.


Imagen: Lightstock.

1. Jonathan Aitken, John Newton: From Disgrace to Amazing Grace (Crossway, 2007), p. 224. Todas las citas son traducciones propias.
2. John Piper, The Sovereign God of “Elfland”: Why Chesterton’s Anti-Calvinism Doesn’t Put Me Off (Desiring God, 2012). Consultado el 9 de agosto de 2017.
3. Citado en: Tony Reinke, Newton on the Christian Life: To Live is Christ (Crossway, 2015), p. 15.
4. Citado en: Ibíd, p. 33.
5. Aitken, p. 227.
6. Citado en: Ibíd.
7. Citado en: Ibíd, p. 171.
​8. Citado en: Ibíd, p. 347.
9. Reinke, p. 268.
10. Ibíd, p. 156.
11. The Letters of John Newton, (Monergism Books, 2011), pos. 4107.
12. Ibíd, pos. 12814.