En muchos sentidos, la iglesia local en Tesalónica era la niña de los ojos del apóstol Pablo. En ninguna otra carta declara exuberantemente “Porque ustedes son nuestra gloria y gozo” (1 Tes. 2:20) Entonces, ¿qué era lo que tenía esta iglesia local que la distinguía de las demás?

Estoy seguro de que podríamos encontrar muchas respuestas posibles a esta pregunta, pero veo que dos motivaciones principales salen a la superficie. En primer lugar, la iglesia de Tesalónica fue distinguida por su misión evangelística floreciente. Y en segundo lugar, la iglesia manifiesta una formación espiritual vibrante en la semejanza de Cristo. Una mirada más cercana a 1 Tesalonicenses revela que un hilo conductor que fluye de la pluma inspirada de Pablo es una comprensión sólida y una afirmación de la vocación cristiana. De hecho, la diligencia profesional es uno de los principales temas literarios de la carta. La doctrina sólida de Pablo acerca de la vocación vincula indisolublemente la formación espiritual vibrante de la iglesia con su misión evangélica floreciente (1 Tes 4: 11-12; 5:12-15; véase también 2 Tes. 3:6-15).

Vidas extraordinariamente ordinarias

Las primeras palabras de Pablo a los Tesalonicenses indican un tono vocacional: “Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes cuando los mencionamos en nuestras oraciones. Los recordamos constantemente delante de nuestro Dios y Padre a causa de la obra realizada por su fe, el trabajo motivado por su amor, y la constancia sostenida por su esperanza en nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 1:2-3). Afirma tres virtudes cristianas en la vida de una nueva creación: fe, amor, y esperanza. Y estas virtudes están envueltas en el lenguage del trabajo y el esfuerzo. El resto de la carta revela que la obra de la fe, el trabajo del amor, y la firmeza de la esperanza que Pablo tiene en la mente no se limita a la espiritualidad contemplativa de otro mundo, sino a la vida vocacional del mundo real. 

Pablo usa estas mismas “palabras del trabajo” para describir su propio trabajo profesional como fabricante de tiendas: “Recordarán, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas para proclamarles el evangelio de Dios, y cómo trabajamos día y noche para no serles una carga” (1 Tes. 2:9). Pablo no considera sus esfuerzos de hacedor de tiendas como una distracción inoportuna a su misión apostólica, sino como un conducto principal para la encarnación y proclamación del evangelio.

El apóstol señala su propia diligencia profesional y elogia las extraordinarias vidas ordinarias de los creyentes de Tesalónica manifestadas a través de la obra de sus manos en las vocaciones y en los lugares providenciales donde Dios los ha puesto, vidas utilizadas poderosamente por el Espíritu Santo para difundir el evangelio de Cristo en el mundo. Escribe: “Partiendo de ustedes, el mensaje del Señor se ha proclamado no solo en Macedonia y en Acaya sino en todo lugar; a tal punto se ha divulgado su fe en Dios que ya no es necesario que nosotros digamos nada” (1 Tes. 1:8). 

A través de los Tesalonicenses, el mensaje transformador del evangelio de la fe en Cristo se había extendido enormemente. Y esto ocurrió a través de su trabajo diario. Los creyentes de Tesalónica no se convirtieron en una comunidad monástica, ni tampoco levantaron campamento saliendo en masa como misioneros en el extranjero. Estos creyentes del primer siglo vieron su labor en el evangelio a través de la lente de sus vocaciones y estaciones en la vida. Después de haber abrazado el evangelio, estaban honrando a su Rey en las diversas estaciones de la vida donde se encontraban cuando fueron llamados.

A medida que estos creyentes fueron fieles a su llamado en estos ámbitos, el evangelio fue extendiéndose como un fuego a través de un mundo romano cada vez más móvil, rebosante de actividad económica, de la imponente presencia militar, y del amplio alcance comercial. En El auge del cristianismo, el historiador Rodney Stark plantea esta pregunta: “¿Cómo un pequeño y oscuro movimiento mesiánico desde el borde del Imperio Romano ha desalojado el paganismo clásico para convertirse en la religión dominante de la civilización occidental?” Su respuesta apunta, en parte, a la iglesia primitiva y su vida normal del día a día en las redes del mercado profesional. La iglesia primitiva no solo se reunía para la comunión y la enseñanza en el primer día de la semana, sino también se dispersaba el resto de la semana en distintos lugares de trabajo profesional. En estos lugares de trabajo el evangelio se extendió de forma dinámica. 

La vocación y la misión del evangelio

A veces creemos erróneamente la idea de que avanzamos más en nuestra misión del evangelio cuando nos convertimos en pastores, misioneros u obreros en una organización paraeclesiástica, o cuando conseguimos que otros hagan lo mismo. Pero Pablo alaba la encarnación del evangelio y su proclamación en el marco principal de la vocación cristiana y de las redes profesionales. Nuestra misión en el evangelio avanza cuando abrazamos fielmente nuestra vocación, sea cual sea y dondequiera que sea. Si estamos llamados a ser pastores o misioneros, es un gran llamado y debe ser aplaudido. Si estamos llamados a ser líderes de negocios, maestros, amas de casas o trabajadores en una línea de montaje, estas también son vocaciones que merecen un aplauso igual. Como pueblo redimido de Dios, estamos llamados a vivir vidas normales en lugares comunes como testigos audaces de un evangelio extraordinario.

Creo que gran parte de nuestro pensamiento neblinoso sobre el trabajo desaparecerá una vez que empezamos a ver nuestra misión en el evangelio a través de una lente vocacional. Como líderes cristianos centrados en el evangelio, se nos ha confiado la responsabilidad de equipar a otros para vivir una vida de creciente madurez cristiana. Nuestra labor de equiparlos va más allá de simplemente ayudarles a ser buenos asistentes de iglesias. Estamos llamados a alentar, equipar, y ayudar a otros a ser la iglesia en el mundo. El ex misionero Lesslie Newbigin trae con más claridad la profundidad y amplitud de nuestra misión centrada en el evangelio:

Si el evangelio va a retar la vida pública de nuestra sociedad, si los cristianos van a ocupar el “camino alto” que han abandonado en el meridiano de la “modernidad”, no va a ser mediante la formación de un partido político cristiano, o por agresivas campañas de propaganda… Solo será por los movimientos que comienzan con la iglesia local donde la realidad de la nueva creación está presente, conocida y experimentada, y en la cual los hombres y las mujeres irán a todos los sectores de la vida pública para reclamarlos para Cristo, para desenmascarar las ilusiones que han permanecido ocultas y para exponer a todos los ámbitos de la vida pública a la iluminación del evangelio.

Dios diseñó la iglesia local para que sea un pueblo transformado disperso en varias vocaciones de formación profesional durante toda la semana. Una de las más altas responsabilidad para líderes de iglesia es animar y equipar a los aprendices de Jesús para su trabajo. Por desgracia, esta tarea rara vez recibe la atención y el compromiso que requiere.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Voicu Burca.