El contar historias acompaña al ser humano desde que “el mundo es mundo”. En algún momento, se contaban historias solo en fogatas o reuniones, y quizás con algunas imágenes en paredes y papiros. Luego, los libros y las grandes novelas se convirtieron en el medio narrativo por excelencia. En nuestra generación, tenemos en la cartelera de cine un menú de historias que cambia cada semana, desde donde observamos todo tipo de enseñanzas; muchas con aberraciones profundas al diseño de Dios, pero otras con ideas que resuenan con la cosmovisión bíblica.

Lamentablemente, la mayoría de los cristianos a quienes les pregunto por qué ven películas me dan respuestas como “para pasar el tiempo”, “para entretenerme”, o quizás “para compartir con otros”. Estas cosas no tienen nada de malo en sí mismas; sin embargo, cuando vemos una película nos estamos exponiendo a la cosmovisión de sus realizadores, a su forma de ver el mundo. Por tanto, si no somos cuidadosos, podemos encontrarnos entreteniéndonos y pasando el tiempo con ideas que son contrarias a los designios de nuestro Dios, a la vez que podemos estar pasando por alto grandes enseñanzas edificantes dentro de la misma película.

¿Podemos glorificar a Dios al ver una película?

¡Claro! Si Pablo nos ordena a que “ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31), eso implica que las cosas de nuestra vida diaria pueden, y deben, ser usadas para la gloria de Dios. Sé que algunos entienden que la única forma de darle gloria a Dios al ver un filme es viendo cosas como “Courageous”, que son películas abiertamente cristianas, o al ver películas “sanas” (y ahí catalogan a la mayoría de las películas de niños, que en mi experiencia muchas no lo son). Otros piensan que al descansar y entretenerse están glorificando a Dios, pero pudieran estar relajando su mente y verse aplaudiendo cosas pecaminosas, sin ni siquiera meditar en el contenido de lo que ven.

Sucede que el filme, como modo de contar historias, es muy poderoso. ¿Quién no recuerda la muerte de Mufasa en The Lion King? ¿O lo imponente de Aslan al hablarle a la Bruja Blanca en las Crónicas de Narnia? Las historias son tan poderosas que Cristo mismo las utilizó para enseñar conceptos complejos (en las parábolas), y David cayó en cuenta de su pecado al Natán presentarle la historia del hombre y su corderita (2 Sam. 12). Lo que es más, ¡dos tercios de nuestras Sagradas Escrituras son historias! A través de narrativas podemos encontrarnos aplaudiendo cosas que en la vida real condenaríamos; y lo contrario también es cierto. Muchos han dicho que el cine es un púlpito moderno, donde los realizadores le “predican” a multitudes inadvertidas. El peligro está en si los cristianos “apagamos” el cerebro, y recibimos esos mensajes, siendo poco a poco conformados a este mundo, en vez de ser transformados mediante la renovación de nuestra mente (Ro.12:2).

¿Entonces qué propones?

Deberíamos dejar de subestimar el poder de los medios, y más bien abordar los filmes con una cosmovisión cristiana en mente. Creo que en vez de relajar nuestro intelecto, debiéramos afinarlo para estar atento a aquellos mensajes que son contrarios a las enseñanzas de las Escrituras, para  así guardar nuestra mente y corazón de pensamientos vanos. Por igual, debiéramos entrenar a nuestros sentidos a estar atentos a aquellos mensajes que, aunque realizados por hombres pecadores, pueden estar de acuerdo con la Palabra de Dios. No podemos olvidar que todos los hombres fuimos creados a imagen de Dios (Imago Dei), y que por tanto tenemos —aun en el peor de los hombres— mucho de Dios en nosotros; si bien esa imagen está teñida por el pecado. Entonces, propongo que mientras estemos mirando películas y entreteniéndonos con lo que vemos, mantengamos nuestros sentidos alertas hacia los mensajes que estamos recibiendo, negando aquello que sea deshonroso a Dios y aplaudiendo lo que sea conforme a Su voluntad.

Esto no solo produce que seamos edificados, sino que resulta en que Dios sea glorificado. Esto NO significa que podemos ver cualquier cosa con tal de sacarle lo positivo, pero tampoco significa que solo hay cosas positivas en las películas cristianas. No es mi lugar imponer reglas en las conciencias de los demás, pero sí es mi propósito el edificar al pueblo de Dios a través de mis reseñas y escritos.  En próximos artículos seguiremos conversando sobre estas cosas. Como conclusión, les pido que no olvidemos lo que nuestro Dios nos dice en 1 Corintios 6:20: “Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios”.