En nuestros días con frecuencia escuchamos personas expresarse de una manera tan negativa acerca de la necesidad de trabajar, que muchas veces nos quedamos con la idea de que para muchos el trabajo es más bien una maldición. Sin embargo, en el libro de Génesis nosotros vemos el trabajo como una bendición de parte de Dios. Antes de la Caída de Adan y Eva, nosotros leemos en Genesis 2:25 que Dios colocó a Adan en el huerto para que lo cultivara y lo cuidara. Más adelante, Adán también estaría a cargo de nombrar a todos los animales del huerto a pesar de que todavía no sucedía la Caída del hombre. El trabajo es parte de lo que Dios le da al hombre para que pueda encontrar propósito, sentido, y significado en su vida siempre y cuando se lleve a cabo bajo el señorío de Dios. 

Una vez producida la Caída, entonces había un segundo trabajo, el trabajo de redención. Hoy nosotros hablamos en teología del trabajo de creación y el trabajo de redención. El trabajo de creación tiene que ver con servir a la generación y a la cultura de tus días. Y el trabajo de redención tiene que ver con la proclamación y expansión del evangelio. Hay un rol muy importante que nosotros tenemos que jugar que tiene que ver con el trabajo de creación: servir a la gente, al pueblo del lugar donde Dios te ha colocado. Nosotros fuimos llamados a ser sal y luz, y en la medida que nosotros servimos a la gente nosotros podemos ser luz al mundo y sal de la tierra. 

Martín Lutero y otros reformadores entendieron que cada uno de nosotros tenía una vocación, y que la vocación básicamente implicaba el llamado que Dios le hacía a cada creyente en el mundo para que se dedicara justamente a eso que Dios había puesto en su mente y su corazón. Hasta esa época se había visto a los ministros del evangelio como una clase separada y aparte, dedicada a un trabajo más sagrado que aquel que otros creyentes pudieran realizar en la sociedad. Esa dicotomía fue completamente desecha a partir de la Reforma. Y nosotros entendemos que aquello que hacemos en la sociedad para la gloria de Dios es tan sagrado, tan importante como aquello que hacemos en la iglesia para la gloria de Dios.