La gente a veces dice que “el dinero es la raíz de todo mal”, pero la Biblia no dice eso. Pablo dice en 1 Timoteo 6:10, “el amor al dinero es la raíz de todos los males”, pero eso se refiere al amor al dinero, no al dinero en sí.

De hecho, el dinero es fundamentalmente bueno porque es una invención humana que nos distingue del reino animal y nos permite sojuzgar la tierra mediante la producción de los bienes de la tierra y servicios que aporten beneficios a los demás. El dinero permite a toda la humanidad ser productiva y disfrutar de los frutos de esa productividad mil veces más ampliamente de lo que podríamos si ningún ser humano tuviese dinero y tuviésemos simplemente que negociar unos con otros.

Más allá del sistema de trueque

Sin dinero, yo solo tendría una cosa con que comerciar: copias de mis libros. Tendría cientos de copias de mi libro de Teología Sistemática, por ejemplo, pero en un mundo sin dinero, no tendría ni idea de si un volumen valdría un bollo de pan, o dos camisas, o una bicicleta, o un automóvil. Y el dueño de la tienda podría no estar interesado en leer mi libro, de modo que no podría negociar una canasta de comestibles ni siquiera por 100 libros. Pronto incluso los comerciantes que aceptaran mi libro en el comercio no querrán otro, ni un tercero, y no me gustaría terminar con montones de libros y sin la capacidad de encontrar más personas que quisieran comerciar algo por ellos. Sin dinero, pronto me vería obligado a subsistir plantando árboles y criando vacas y gallinas, y tal vez el trueque de algunos huevos de vez en cuando. Y lo mismo ocurriría contigo.

Pero el dinero es lo único por lo que todo el mundo está dispuesto a intercambiar bienes, porque es lo único por lo que todos los demás están dispuesto a intercambiar bienes. Con un sistema de dinero, de repente sé cuánto vale un volumen de mi libro. Vale $40, porque esa es la cantidad que miles de personas han decidido que están dispuestos a pagar por ello.

El dinero también conserva el valor de algo hasta que lo gasto en otra cosa. Cuando obtengo $40, ese dinero conserva temporalmente el valor de mi libro hasta que pueda ir a la tienda y decirle al dueño que me gustaría intercambiar los $40 por algunos comestibles. El mismo dueño de la tienda que no habría negociado ninguna provisión por un libro de teología ahora ansiosamente acepta mis $40 en dinero, porque él sabe que puede comerciar ese dinero por cualquier cosa en el mundo que él quiera y que cueste $40.

Medio de intercambio

Así que el dinero es simplemente una herramienta para nuestro uso, y podemos agradecer a Dios con razón porque en su sabiduría ordenó que lo inventáramos y lo usáramos. Se trata simplemente de un “medio de intercambio”, algo que hace intercambios voluntarios posibles. Se trata de “una mercancía… que se establece legalmente como un equivalente intercambiable de todas las demás mercancías, tales como los bienes y servicios, y se utiliza como una medida de sus valores comparativos en el mercado” (The American Heritage Dictionary of the English Language).

El dinero hace que los intercambios voluntarios sean más justos, con menos desperdicios y mucho más extensos. Necesitamos dinero en el mundo para ser buenos administradores de la tierra y para glorificar a Dios a través de usarlo sabiamente. Si el dinero fuera malo en sí mismo, entonces Dios no lo tendría. Sin embargo, él dice, “Mía es la plata, y mío es el oro, dice el Señor de los ejércitos” (Hag. 2:8). Todo le pertenece a Él, y Él nos lo confía a nosotros para que a través de ello le glorifiquemos.

El dinero ofrece muchas oportunidades para glorificar a Dios: a través de invertir y expandir nuestra mayordomía y así imitar la soberanía y la sabiduría de Dios; a través de satisfacer nuestras propias necesidades y así imitar la independencia de Dios; a través de dar a los demás y así imitar la misericordia y el amor de Dios; o a través de dar a la iglesia y al evangelismo y así traer a otros al reino.

Responsabilidad seria

Sin embargo, ya que el dinero tiene tanto poder y tanto valor, es una gran responsabilidad, y presenta constantes tentaciones para pecar. Podemos quedar atrapados en el amor al dinero 
(1 Tim. 6:10), y puede alejar nuestro corazón de Dios. Jesús advirtió: “No puedes servir a Dios y al dinero” (Mateo 6:24), y advirtió contra acumular demasiado para guardarlo y no utilizarlo para hacer el bien:

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mateo 6:19-21).

Las distorsiones de algo bueno no deben hacernos pensar que la cosa en sí es mala. El dinero es bueno en sí mismo, y nos ofrece muchas oportunidades para glorificar a Dios.


Publicado originalmente para The Gospel Coalition. Traducido por Daniel Lobo.