¿Qué debo hacer con mi vida?

Todos nos hacemos esta pregunta alguna vez. Al crecer, todos llegamos al punto en que debemos decidir cuál va a ser nuestra contribución a la sociedad. Pasamos oficialmente de ser solo recipientes a ser recipientes y contribuyentes.

Para algunos esta decisión es fácil y simple. Siempre han sabido que nacieron para hacer algo específico: medicina, arte, enseñanza. Pero para otros, no tanto. En mi caso, por ejemplo, desde pequeño supe para lo que no era bueno: las matemáticas, las ciencias, la educación física. Al pasar los años, y gracias a la guía y el estímulo de otros, empecé a discernir los dones que el Señor me había dado.

Quizás tú te encuentres en un momento de decisión, y te estás preguntando qué debes hacer con tu vida. Quizás estás pronto a terminar tus estudios básicos, o terminando tus estudios superiores, o ya te has cambiado de profesión más de una vez, o tengas un deseo fuerte de renunciar a tu trabajo actual. Como sea, puede que sea un tiempo no solo de decisión sino también de estrés, temor, e incertidumbre.

Si esa es tu situación, necesitas escuchar lo que Jesús dice en Mateo 22.

La meta de nuestra vocación

“‘Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la Ley?’ Y Él le contestó: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas’”, Mateo 22: 36-40

En su respuesta el Señor Jesús no solamente demuestra su conocimiento general del Antiguo Testamento, sino también su conocimiento profundo de quien pregunta. Jesús es capaz de resumir todo lo que Dios requiere de nosotros, sus criaturas, y particularmente su pueblo redimido, en dos mandamientos.

Ahora, aunque son bien breves, estos mandamientos no son fáciles de cumplir. En nuestro pecado, todo nuestro ser se rebela en contra del amor a Dios y al prójimo; queremos que el centro del amor seamos nosotros mismos. Solo cuando Dios nos cambia el corazón es que podemos mirar a estos mandamientos y, por medio del poder Espíritu Santo, cumplirlos. De hecho, Cristo los cumplió por nosotros, y ahora Él nos da el poder para cumplirlos.

¿Cómo se relaciona este versículo a lo que debes hacer con tu vida? Este versículo te dice, de forma resumida, todo lo que Dios requiere de ti: que lo ames a Él con todo tu ser, y que ames a tu prójimo como a ti mismo. Dicho de otra forma, Jesús te da aquí el marco de referencia para discernir o escoger tu profesión: Dios y tu prójimo.

Empieza por el principio

Lo más probable es que lo que Jesús te dice aquí sea completamente lo opuesto a lo que has escuchado de parte de tus amigos, familia, y otros. Para ayudarnos a discernir, lo típico es que la gente —incluso muchos cristianos— nos haga preguntas como las siguientes: ¿Qué te gusta hacer? ¿Qué te hace feliz? ¿Qué te satisface? ¿Cuáles son tus sueños? ¿Qué quieres lograr? ¿Cuáles son tus dones? O quizás como estas: ¿Qué es mejor para el negocio familiar? ¿Qué te va a dar una mejor posición social? ¿Qué profesión te va a dar más dinero?

Creo todas esas preguntas tienen su lugar, particularmente la que tiene que ver con los dones que Dios te ha dado. Pero creo que cometemos un error serio si empezamos por ahí. Si te fijas bien, todas esas preguntas tienen que ver contigo. Quizás no por motivos maliciosos, pero la gente que te hace este tipo de preguntas te incitan a ponerte a ti al centro del asunto. ¡Cuán diferente es lo que nos dice Jesús! Él nos dice que quien debe estar al centro de tu vida y de todas tus decisiones no eres tú, sino los demás.

En primer lugar, sobre todas las cosas, tu Creador y Redentor. En segundo lugar, tu prójimo. El amor por uno mismo es bueno y natural, pero en última instancia no fuimos creados para amarnos a nosotros mismos en primer lugar. Al contrario, toda nuestra vida —incluso lo que haremos como profesión— lo debemos ver a través de este marco de referencia: Dios primero, el prójimo segundo.

Pregúntate, entonces: ¿Cuál es mi consideración central al discernir mi llamado o vocación? Si no es el amor a Dios y el amor al prójimo, necesitas volver a enfocarte.

Re-enfócate meditando en el evangelio

¿Cómo se mira una vida entregada al amor de Dios y del prójimo? Martín Lutero la describe mucho mejor que lo que yo podría en La libertad del cristiano:

“Aunque soy un hombre indigno y merezco condenación, mi Dios me ha concedido en Cristo todas las riquezas de justicia y salvación sin ningún mérito de mi parte, por su pura y gratuita misericordia, de modo que de ahora en adelante no necesito nada más que la fe para creer que esto es verdad. Por tanto, ¿qué razón tengo para no ir y, de manera libre, gozosa, con todo mi corazón, y dispuesta voluntad, hacer todo lo que sé que es agradable y aceptable para ese Padre que me ha inundado con sus riquezas incalculables? Por lo tanto, me entregaré como Cristo a mi prójimo, tal como Cristo se entregó por mí; nada haré en esta vida excepto lo que estime necesario, provechoso, y saludable para mi prójimo, ya que mediante la fe tengo en abundancia toda buena dádiva en Cristo”*.

Como nos dice el Apóstol Pablo en Filipenses 2, la vida entregada al amor de Dios y del prójimo es la vida que imita el amor de Cristo:

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús . . . (vv. 3-5).

Estoy seguro que lo que he dicho hasta aquí no responde todas tus preguntas vocacionales. Incluso si te conociera en persona y estuviera al tanto de tus circunstancias, no sería capaz de responderlas todas. Mi intención es simplemente apuntarte al pasaje y principio bíblico, muchas veces olvidado, que debe guiarte en el proceso de discernir tu llamado particular.

* Traducción del autor.


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