Dunkerque es un filme extraño porque te deja pensando. Pienso que rara vez eso sucede con las películas de hoy en día. Por lo menos, la mayoría de los filmes que he visto en los últimos años valen poco más que el precio de las palomitas. Mucho de lo que hace Hollywood es entretenimiento para el momento.

Christopher Nolan, director de Dunkerque, decidió hacer algo diferente. Quiso hacer algo que durara más que las dos horas que estuvieras sentado en esa sala oscura. Y es por eso que vale la pena ver esta película.

El tema es sencillo. Recuenta de cuando los Aliados (Ingleses, Belgas, y Franceses) tuvieron que prácticamente abandonar la guerra, ya que los alemanes los empujaron hasta las playas de Dunkerque, en Francia. Se trata de uno de los fracasos más grandes de la Segunda Guerra Mundial. Y en este filme, la historia se cuenta desde tres perspectivas. La búsqueda de la supervivencia, desde la playa. El rescate, desde el mar. La protección, desde el aire.

Cine a la antigua

Es raro que Hollywood haga filmes “old school”. Normalmente somos asaltados con efectos especiales por computadora que, no sé si estás de acuerdo, pero pienso que ya no sorprenden a nadie. Parece que dos de cada tres filmes se tratan de rescatar al mundo y destruir la mayor cantidad de edificios en el proceso. Aunque Dunkerque sí tiene de estos efectos especiales, no son ellos los que mueven la película. Están allí, pero no llaman la atención.

Nolan realizó la película en filme, y no en formato digital. Usó cámaras IMAX de 70 mm, que pesan más de 200 libras cada una. Eso es notable, porque ya desde hace tiempo se ha pronunciado la muerte del filme, y sin embargo estamos experimentando la resurgencia de este medio con varias películas filmadas magistralmente de esa manera. Tuve la oportunidad de ver la película en pantalla IMAX y con un sonido espectacular. Lo recomiendo.

El filme cuenta con actores de primera categoría, incluyendo a Mark Rylance, Kenneth Branagh, y Tom Hardy, cuya actuación es absolutamente impresionante. Ya que hay poco diálogo en el filme, los actores tienen que demostrar su calidad de actuación con su semblante, y en el caso de Hardy, con sus ojos solamente.

Temas universales

Pero me parece que el éxito de Dunkerque no está en aquellos detalles técnicos. Está en su exploración de temas universales. La supervivencia, el honor, el sacrificio, lo horrible de la guerra. La película no solamente entretiene; busca mostrarnos la realidad de nuestra humanidad. Que somos seres frágiles, y que la mayoría de los humanos le tienen miedo a la muerte. Pero que algunos están dispuestos a sacrificar lo más preciado que tienen —la vida— por algo más grande que ellos mismos.

Dunkerque, entonces, se vale por sí misma. No anda buscando convertirse en una trilogía, en un “mundo”, y ni siquiera busca vender camisetas o figuras de acción. Aunque muestra lo horrible que es la guerra, lo hace a través de la desesperación. Los personajes se meten en situaciones cada vez más difíciles, y esperamos que en cualquier momento una bala perdida les quite la vida. Su desesperación es la nuestra. Queremos que vivan, pero sabemos que es la guerra. Y en la guerra los buenos no siempre viven.

En cuanto al enemigo, es un fantasma; no vemos sus caras, solo escuchamos los disparos y alcanzamos a ver sus siluetas. Los odiamos sin verlos.

Dunkerque nos muestra la muerte pero sin morbo. A diferencia de la mayoría de las películas de guerra modernas, no vemos extremidades volando ni cabezas explotando. De hecho, hay muy poca sangre. Esto me llamó la atención. Me decepciona cómo tantas películas muestran la violencia para que la disfrutemos. Pero Nolan hace algo diferente: muestra respeto por los que mueren.

El diálogo es mínimo. Hay quizá tres palabras altisonantes en los poco más de cien minutos que dura la película. Cuando la vida está en juego, no hay mucho qué decir.

Paradojas

Dunkerque es un filme de paradojas. Se trata de una derrota, y de cómo aún en las grandes derrotas hay pequeños triunfos. En lugar de salir del cine con pensamientos patrióticos, más bien uno sale pensando en lo desgarradora que es la guerra. La gente que muere son personas individuales, con sueños, deseos, familia. Con la imagen de Dios plasmada en ellos. Siendo víctimas y victimarios del pecado.

El filme nos pinta un retrato de lo que es el mundo después de Génesis 3. Nos hace gritar por justicia, por un mundo mejor. Aunque Dunkerque no lo muestra –y no puede, porque solo el que ha nacido de nuevo puede entrar en el Reino– la solución la sabemos, si creemos en Jesús. El filme apunta a la solución en el hombre. El cristiano apuntaría a la solución en El Hombre.

Dunkerque se trata de la lucha por vencer al aguijón. Aunque nos duele ver la muerte, podemos respirar hondo y pensar que gracias a Cristo, para nosotros ya no tiene aguijón.