Fragmento adaptado de Trabajo y Redención: Conectando tu adoración del domingo con tu trabajo del lunes. Tom Nelson. Poiema Publicaciones.

Cuando llegas a tu lugar de trabajo cada día, hay una actitud que llega junto contigo. Nuestras actitudes son como el perfume o la colonia que usamos; olemos la fragancia cuando nos la ponemos, pero son los demás quienes la huelen a lo largo del día. Son otros los que están oliendo la fragancia que te pones para ir al trabajo. Así que ¿qué están oliendo los que te rodean? El apóstol Pablo nos recuerda que, como seguidores de Jesús, tenemos la fragancia de Cristo.

Las actitudes que nos ponemos para ir al trabajo deberían hacer que los demás recuerden a Jesús. El fruto del Espíritu —amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad fidelidad, humildad y dominio propio— debería formar una gran parte de nuestra fragancia actitudinal. En mi caso, pienso que las palabras inspiradas de Pablo para los seguidores de Jesús en la iglesia de Tesalónica son de mucha ayuda a la hora de cultivar una nueva actitud hacia mi trabajo y mi lugar de trabajo. Luego de animar a aquellos creyentes a buscar el bien común de todos, Pablo menciona tres actitudes que transforman poderosamente los lugares de trabajo que hemos sido llamados a habitar: “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es Su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1 Ts 5:16-18).

En estos poderosos versículos, Pablo nos anima cultivar actitudes de alegría, de oración y de gratitud. Aunque hay veces que nuestros trabajos y nuestros lugares de trabajo pueden llegar a ser muy frustrantes, y con frecuencia tenemos que lidiar con gente muy difícil y demandante, el Espíritu Santo nos da el poder para ser una influencia positiva y promover el desarrollo humano, el trabajo en equipo y el bien común. Si nos tomamos el tiempo de memorizar las palabras inspiradas de Pablo, podremos llevarlas con nosotros al trabajo. Tal vez sería útil a escribir las palabras de Pablo y ponerlas en algún lugar visible de nuestro trabajo como un recordatorio. Cuando estoy en el trabajo, tengo la costumbre de repasar las palabras de Pablo y hacer los ajustes de actitud que sean necesarios a lo largo de mi jornada laboral.

Hay otra cosa que también me ayuda, y es recordar quién es el que me está viendo y para quién es que estoy trabajando realmente. Vivir y trabajar para un Público de Uno es algo asombrosamente transformador, tanto en los buenos tiempos como en los malos. En mi lugar de trabajo, las verdades de Proverbios 16:3 me animan de manera particular: “Pon en manos del Señor todas tus obras y tus proyectos se cumplirán”. Cuando vivimos ante un Público de Uno, no tenemos nada que temer, nada que esconder y nada que demostrar. Podemos dedicar toda nuestra energía a hacer un buen trabajo. Tener un Público de Uno significa que podemos ser más conscientes de la presencia de Dios mientras trabajamos y podemos disfrutar de una conversación continua con Él. Como consecuencia de nuestra relación con Cristo, tenemos la maravillosa oportunidad de traer una perspectiva positiva y alegre a nuestro trabajo diario.

No importa cuáles sean nuestras circunstancias, nuestra esperanza inquebrantable sigue firmemente atada a la buena noticia del evangelio. Debido a nuestra fe cristiana y nuestro entendimiento de la vocación cristiana, podemos ofrecerle una cálida sonrisa a todos nuestros compañeros de trabajo, incluso aquellos con los que a veces no nos llevamos tan bien. Podemos velar por el bien de los demás y elogiarlos. Podemos sinceramente celebrar cuando otros son reconocidos por sus logros. Podemos expresar nuestro agradecimiento a través de palabras amables y notas escritas a mano. Nuestras actitudes pueden ser el dulce aroma de Cristo a los que nos rodean.


Imagen: Lightstock