El ser humano fue creado para adorar a Dios. Y sí, la adoración no solo se trata de elevar cantos y oraciones, pero para Dios sí es importante que lo hagamos. Tanto así que el libro más extenso que encontramos en las Escrituras es un libro de poemas para exaltar el nombre del Señor.

El libro de Salmos, además de largo, es bastante diverso. Entre las expresiones inspiradas de adoración encontramos exclamaciones de gozo, lamentos desesperados, declaraciones de absoluta confianza, y preguntas llenas de dolor. ¡Frecuentemente podrás encontrar todo lo anterior en un mismo salmo!

Considerando entonces su extensión y diversidad, no es sorprendente que encontremos el capítulo más largo y el más corto de la Biblia justamente en el libro de Salmos.

El más corto: Salmos 117.

Alaben al Señor, naciones todas;
Alábenle, pueblos todos.
Porque grande es Su misericordia para con nosotros,
Y la fidelidad del Señor es eterna.
¡Aleluya!

El salmista alaba a Dios por su misericordia y fidelidad. Podrá parecer una sencilla exhortación a la adoración, pero si miramos más de cerca nos daremos cuenta de que es mucho más que eso.

Este salmo es citado por Pablo en Romanos 15; en ese pasaje, el apóstol nos muestra cómo el Señor desde el principio tuvo la intención de hacer parte de su pueblo a judíos y gentiles por igual (Ro. 15:8-12).

A través de Jesús, tú y yo podemos cantar “¡Alaben al Señor, naciones todas!”. Él compró para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo, y nación (Ap. 5:9). La misericordia de Dios es grande y su fidelidad es eterna.

¿Qué tanto pueden expresar 24 palabras? ¡Un vistazo del maravilloso plan de nuestro Señor!

El más largo: Salmos 119.

El capítulo más corto y el más largo de la Biblia están separados solo por un salmo.

El salmo 119 es un imponente y hermoso poema dedicado a las excelencias de la Palabra de Dios. Está compuesto de 22 secciones de ocho líneas cada una. Fue escrito en forma de acróstico. Cada una de las ocho líneas de la primera sección comienza con la primera letra del alfabeto hebreo; cada una de las ocho líneas de la segunda sección comienza con la segunda letra de ese alfabeto. Así sucesivamente hasta utilizar las 22 letras del alfabeto en orden.

Mientras que el salmo 117 celebra la misericordia y fidelidad de Dios, el salmo 119 explora las profundas maravillas de la ley de Dios. La identidad del autor se desconoce, aunque pudiera tratarse de David, Daniel, o Esdras. A lo largo de los 176 versículos, las Escrituras se designan como ley, testimonios, mandamientos, estatutos, dichos, juicios, juicios, palabra, y ordenación.

Estas son solo algunas de las piedras preciosas que encontramos en el salmo 119. Te invito a profundizar en él por ti mismo; ¡su riqueza es incalculable!

“Con rectitud de corazón Te daré gracias,
Al aprender Tus justos juicios”
(v. 7).

Para alabar a Dios rectamente, debemos conocer a Dios íntimamente. Su Palabra es un reflejo de su carácter; al aprender de ella podremos agradecerle genuinamente.

“Bueno es para mí ser afligido,
Para que aprenda Tus estatutos”
(v. 71).

Si estamos en Cristo, incluso nuestra aflicción es un instrumento de Dios para guiarnos en la verdad de su Palabra. Nuestros ojos se desvían fácilmente, y cuando reconocemos que solo en Dios hay plenitud, agradeceremos las pruebas que Él usa para traernos a casa.

“Si Tu ley no hubiera sido mi deleite,
Entonces habría perecido en mi aflicción”
(v. 92).

La aflicción nos lleva a la Palabra y la Palabra nos sostiene en la aflicción. Deleitarnos en la Escritura es deleitarnos en el Dios de la Escritura; solo en Él hay gozo verdadero, aun en medio de la tormenta.

Oraciones largas, oraciones cortas

Es fácil que nuestros gustos personales o la iglesia en la que crecimos dicten lo que consideramos “adoración apropiada”. Revisar estos dos capítulos de la Escritura y el resto de los salmos nos ayudará a recordar que la adoración agradable a Dios es muy diversa.

Tus oraciones pueden ser extensas y llenas de bellas imágenes acerca de la majestad de Dios y su Palabra. O pueden ser breves; un suspiro que apenas es capaz de expresar lo que hay en tu corazón. Nuestro Señor se agrada en los corazones sinceros. Él se agrada en las oraciones de los justos, en las largas y en las cortas.


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