¿Por qué es tan especial esta semana para la iglesia? ¿Qué ocurrió entre Cristo y sus ovejas? Y, ¿por qué es tan relevante para nosotros hoy hablar de algo que ocurrió hace más de dos mil años? La Semana Santa da respuesta a estas preguntas, y meditar en estos días puede llevarnos a aprender de quién es Cristo y cómo triufó sobre la muerte.

Hace una semana, en Domingo de Ramos, se conmemoraba la entrada triunfal de Jesús, como la vemos narrada en Lucas 19:26-40. Este Domingo de Ramos es un día para adorarle pues Él ha venido con una misión: Ir a Jerusalén a morir en una cruz para vindicar la justicia de Dios y proveer salvación y perdón de pecados a su pueblo.

Esta entrada triunfal, donde las multitudes lo adoraban, se convertiría en un viernes de acusación por la misma multitud mientras Cristo va de camino a Su obra expiatoria (Jn. 19:12–19). pero que en tan solo tres días la misma multitud escucharía de Su resurrección victoriosa el día domingo.

Por lo tanto, no podemos perder de vista que la entrada triunfal (domingo) conlleva a la muerte triunfal (viernes) que es aprobada por Dios en la resurrección triunfal de Cristo (domingo).

Viernes Santo

El Viernes Santo, Cristo iba de camino a la cruz, siendo condenado, golpeado, falsamente acusado, con marcas en Su cuerpo y ya con pocas fuerzas físicas pero con poder del Espíritu para llevarle a cumplir la misión que el Padre le había dado: ir a Jerusalén a morir en una cruz para vindicar la justicia de Dios y proveer salvación y perdón de pecados a Su pueblo.

Para llevar acabo esta misión —liberar, las apacentar, vendar la perniquebrada, fortalecer al enfermo, cumplir el pacto de paz,  asegurar que el señorío de Dios con ellos, dar un nuevo corazón de carne y no de piedra, dar el Espíritu del SEÑOR en — era necesario que Jesús diera Su vida en una cruz para vindicar la justicia de Dios y Su gloria, y comprar salvación y perdón de pecados para su pueblo (Ez. 34; 36).

Así que Jesús el Siervo Sufriente desde antes de la fundación del mundo obedeció al Padre y lleno del poder del Espíritu sabía que el plan de redención le costaría Su propia vida. Por lo tanto, vemos en Juan 10:16–18 que Jesús tenía en mente a sus ovejas las cuales el compraría con su preciosa vida. La garantía de que estas ovejas escuchen la voz del Pastor es que para el Pastor es necesario traerlas. El Padre ama a Sus ovejas porque Cristo dio no solamente Su vida por ellas pero también fue resucitado por ellas.

Una de las palabras mas hermosas y poderosas que salieron de la boca de Jesús fueron aquellas pronunciadas al final de su obra expiatoria: “¡Consumado es!” (Jn. 19:30). Podemos imaginarnos al Pastor en ese momento apunto de morir, recordando lo que vivió, hizo, logro en su ministerio terrenal y con certeza confiesa al Padre: misión cumplida.

Domingo de Resurrección

Pero ahora el Padre tendría la oportunidad para demonstrar que en realidad la misión había sido cumplida por su Hijo. El Domingo de Resurrección, el Padre resucitó a Jesús (Mr. 16:6;). En Hebreos 13:20–21 vemos que esta resurrección muestra la aprobación del Padre y su satisfacción en la obra realizada por Su Hijo. Jesús sabia que aunque había resucitado todavía le era necesario ir a donde el Padre y ser sentado a su diestra en el trono celestial, (Jn. 20:17; Co. 3:1).  Ahora sentado a la diestra del Padre, Cristo gobierna con toda autoridad e intercede por sus amados, (Rom 8:34).

Cristo vive y porque su misión fue cumplida, Él ha enviado al Espíritu Santo para residir en Su Iglesia. Por lo tanto, ahora Él nos ha dado la misión de hacer discípulos de todas las naciones. Esta misión debe hacerse yendo lo cual también significa enviando, enseñando todo el consejo de Dios apuntando a Cristo como nuestro Señor y Salvador, y bautizando a todo aquel que sea ha arrepentido y ha creído en Cristo como su Señor y Salvador.

Nuestra misión es segura porque la misión ha sido consumada por Cristo. Nosotros ahora vemos el fruto de esta obra preciosa bajo el poder del Espíritu que inicio con una entrada triunfal, una muerte triunfal y una resurrección triunfal, para la gloria de nuestro Dios en Cristo y por el Espíritu.


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