“Y bienaventurada la que creyó que tendrá cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor”, Lucas 1:45.

A veces los años nos llevan a ser más duros para creerle al Señor. Quizá nuestra experiencia y “sabiduría” nos ha enseñado a ser más “realistas” en cuanto a las expectativas que tenemos en este mundo. Quizás nuestras frustraciones y decepciones nos han enseñado a cuidar nuestro corazón de ser lastimado por sueños y anhelos que, al final de cuentas, no se cumplieron como creíamos y esperábamos. 

Y es que, con el tiempo, nuestro corazón se puede enfriar al reconocimiento de la gran obra salvadora de Dios por nosotros, independientemente de las circunstancias. 

En este pasaje vemos a Zacarías, quien aun estando “en el ministerio” por mucho tiempo, experimentando ver de cerca la obra de Dios, y además estudiando su Palabra y manera obrar, no cree en el mensaje de Dios para él aunque se lo comunique a través de un ángel. 

“Así que te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo” (v. 20), le dijo el ángel.

En comparación, vemos a la jovencita María, siendo afirmada por el ángel y Elisabeth cuando se muestra asombrada por tan inesperada visita y mensaje. “Y bienaventurada la que creyó que tendrá cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor” (v. 45).

Zacarías y María tenían muchas preguntas sobre cómo Dios obraría en sus circunstancias tan difíciles de procesar. Sin embargo, aún en la pregunta de María había un elemento de fe que se confirma después en su respuesta cuando dice, “Aquí tienes a la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (v. 38). 

Su respuesta de fe le lleva a responder, al considerar la adoración que Dios merece y la obra que Él está haciendo con ella, en ella, y a través de ella. “Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; Y santo es Su nombre” (v. 49).

Las Buenas Noticias para ti y para mí son que podemos orar para que, a pesar de nuestra madurez en las cosas del Señor y experiencia de los años en su servicio, Él nos de gracia y fe para que todavía estemos abiertos a su obra en nuestras vidas, a pesar de que no entendamos muchas cosas.

Pidamos a Dios que nunca nos cansemos de responderle en adoración porque Él es digno, y por las “grandes cosas” que ya ha hecho por nosotros en el sacrificio de su Hijo. 

Piensa en esto y encuentra tu descanso en Él.


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