Hoy en día vivimos en un tiempo en el cual defender nuestros derechos es una de las mayores prioridades del ser humano. Lo escuchamos y lo vemos en manifestaciones y en berrinches. En nuestras sociedades democráticas, pareciera que todo el mundo demanda que se cumplan y respeten “sus derechos”.

Pienso que en algunas áreas los cristianos hemos adoptado esta misma mentalidad mundana. En 1 Corintios 8 y 9, Pablo nos presenta un concepto radicalmente diferente a lo que dice el mundo: los creyentes debemos estar dispuestos a morir a nuestros derechos, por amor al que tiene una conciencia débil y por amor al evangelio. No es que no haya virtud alguna en ninguna ocasión en defender nuestros derechos, pero el creyente debe considerar muchas cosas antes de exigir que sus derechos sean respetados. 

Libertades cristianas

Una de las mayores debilidades en la Iglesia hispana es que no hay categorías de libertades cristianas. Libertades cristianas son cosas en las que creyentes pueden participar sin cometer un pecado. La Biblia nos dice claramente que hay cosas que son pecado. El problema es que la iglesia ha asignado como pecado a actividades que no lo son. Por ejemplo, en Corinto habían cristianos que pensaban que comer ciertos alimentos era pecado (1 Co. 8:8). Sin embargo, Pablo les enseñó que si una persona se abstiene de algún tipo de alimento, esa es su prerrogativa y no debe imponerla a otros creyentes que tienen la libertad de comer cualquier clase de alimento.

Lo problemático de la libertad cristiana es que puede causar que aquellos que saben que tienen la libertad de hacer algo, les interese más su “derecho” a esa libertad que amar a otros por el avance del evangelio. En 1 Corintios 8, Pablo exhorta a estas personas a que se abstengan de comer carne sacrificada a ídolos para no ser piedra de tropiezo. De igual manera, en 1 Corintios 9 Pablo menciona que sacrificó su derecho a la libertad de tener una esposa para poder predicar más efectivamente. Aunque tengamos libertades, debemos siempre estar conscientes que para el creyente que ha sido rescatado de la esclavitud del pecado, hay otras prioridades más que simplemente ejercer nuestros derechos.

El débil

El problema central de 1 Corintios 8 consiste en que la persona de conciencia débil puede terminar pecando al ver a otra persona con más conocimiento comer la carne del templo pagano (algo que no es inherentemente un pecado). Desde mi perspectiva, estos términos de conciencia débil y fuerte han sido malinterpretados por mucho tiempo. Comúnmente se presentan como dos alternativas: 1) Hay cosas que no son pecado que uno de conciencia fuerte puede hacer, y 2) Hay cosas que no son pecado pero el débil de conciencia piensa que sí y no lo hace. Pero Pablo no lo presenta así de simple. La persona que tiene una conciencia débil es así por falta de conocimiento (1 Co. 8:7).

Pablo en los versos 1 al 6 explica por qué comer carne del templo pagano no es pecado, y en el verso 7 nos muestra que no todos tienen ese conocimiento. Así que la persona que tiene una conciencia débil usualmente es el nuevo creyente que está apenas empezando a aprender de la fe. Entonces, cuando un creyente más maduro en la fe participa en actividades cuestionables para el nuevo creyente, Pablo pregunta: “…¿si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no será estimulada su conciencia, si él es débil, a comer lo sacrificado a los ídolos?” (1 Co. 8:10).

Aquí Pablo llega al punto: la práctica de actividades que conocemos que no son pecado a veces puede llevar a hermanos sin conocimiento a regresar a conductas paganas. Cuando identificamos una de estas acciones, ¿estamos dispuestos a morir a nuestro derecho por amor al débil? A la vez, el débil no debe quedarse en ignorancia, sino ser discipulado para que su conciencia sea informada por la Palabra de Dios, no por sus experiencias.

El Día del Señor

A lo largo de su historia, la Iglesia ha procurado honrar el Día del Señor. Sin embargo, en nuestros tiempos muchas personas ya no ven la necesidad de asistir regularmente a los servicios de la iglesia, y simplemente no van. Las razones de esta decisión no son muy profundas, y los que han llegado a esta conclusión han rechazado lo que la Biblia dice acerca de la reunión de cristianos.

Es posible que algunos piensen que no tienen que asistir a la iglesia porque tienen esa libertad en base a Colosenses 2:16: “Por tanto, que nadie se constituya en juez de ustedes con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo…”. Basado en este verso, podrían decir que nadie puede decirles cuándo ir o no a la iglesia. Pienso que Pablo aquí está hablando de fiestas judías, pero aún si lo aplicáramos al Día del Señor, ¿cómo afectaría tu conducta al débil? Tú puedes considerarte “fuerte” y pensar que faltar varios domingos no te afectará, pero ¿cómo afectara al débil que está viendo cómo se comportan los cristianos más maduros? No olvidemos las palabras de Pablo: “Y por tu conocimiento se perderá el que es débil, el hermano por quien Cristo murió” (1 Co. 8:11).

Me preocupa que la mayoría de creyentes no se han informado bíblicamente y simplemente ponen por encima de congregarse con su iglesia local fiestas familiares, pasadías dominicales, cansancio, enfermedades comunes, o actividades extracurriculares de sus hijos. Hacen esto sin pensar en el efecto que su ausencia tiene en otros. Pero más aún, pienso que muchos padres no ven que los creyentes con conciencia débil son sus propios hijos. Si faltan a la iglesia con regularidad, tus hijos pueden concluir que otras cosas toman prioridad sobre la reunión de la iglesia local. No podemos estar sorprendidos que en su adultez no se aparezcan por ninguna iglesia, si eso fue lo que les enseñamos. Llevar a tus hijos fielmente a la iglesia no garantiza que ellos serán creyentes, pero al menos sus conciencias serán informadas correctamente.

Cuando viajo de vacaciones con mi familia, todavía buscamos una iglesia en donde congregarnos los domingos que estamos fuera. Pienso que el Nuevo Testamento hace normativo para todos los creyentes congregarnos los domingos (Ap. 1:10, 1 Co. 16:2, Hech. 20:7), y por esto busco un lugar donde puedo adorar junto a miembros de la iglesia universal. Pero también quiero informarles algo a mis hijos. Les quiero decir que no vamos a la iglesia porque es el trabajo de papi: vamos a la iglesia porque es lo que hacemos los creyentes los domingos, sin importar donde estemos. Mi deseo es que su conciencia no sea débil y si en la adultez decidan congregarse o no, al menos podrán decir que tenían conocimiento bíblico.