Hace poco leí que, desde 1996, países ricos han perdonado casi 110 mil millones de dólares de la deuda de los países más pobres. No pases por alto esa cifra: ¡110 mil millones! ¡Esta es una deuda cuantiosa! Mientras me maravillaba de esa cifra, otro pensamiento vino a mi mente: Cancelar una deuda grande sienta un gran precedente.

Cuando una de las partes perdona lo que la otra parte debe, expresa misericordia. La misericordia viene a nosotros, o fluye a través de nosotros, cuando una deuda no cobrada es eliminada. Misericordia significa que la relación se reinicia, como si la deuda nunca hubiera estado allí.

Como he dicho antes, pecadores que han sido perdonados perdonan el pecado. Si entras en el ministerio pastoral, pecarás y pecaran contra tí. Pero aquí está el asunto: el hecho de que alguien peque contra ti puede convertirse en una oportunidad para el evangelio; un momento para transmitir a los demás la misericordia que hemos recibido. Si estás llamado al ministerio, estás llamado a aplicar el evangelio frente al pecado. De hecho, el grado en que realmente entendemos el evangelio se revela por la fidelidad con la que extendemos misericordia al que peca en contra nuestra.

Pero, ¿cómo luce la misericordia? Cuatro cosas vienen a mi mente.

1) Misericordia significa que mis objetivos cambian cuando pecas

La increíble misericordia que he recibido en la cruz se convierte en el punto de partida de cómo respondo cuando otros pecan contra mí. El evangelio aplasta mi indignación y sensación de injusticia. Me recuerda a diario que he recibido una misericordia inagotable, y que debo manifestar esta misericordia… ¡incansablemente!

Esto significa que cuando alguien peca contra mí, mis objetivos son diferentes. No estoy tratando de acusarlos de pecado, porque el Espíritu Santo lo hará. No estoy tratando de exigir justicia, porque la justicia fue satisfecha en la cruz. Nunca debería condenar a otros porque no hayan satisfecho mi estándar. Ya que Cristo satisfizo el estándar de Dios, su justicia ha sido imputada a ellos (2 Cor. 5:21). El evangelio me da la libertad de perdonar cuando han pecado contra mí.

El evangelio me despierta cada día con este recordatorio: No recibí lo que merecía, así que no los mantendré cautivos hasta que ellos obtengan lo que creo que se merecen. Puedo jubilar a mi policía interior que siempre está en busca de delitos y patrullando para hacer arrestos por el pecado. Y si hablo acerca del pecado contigo, no lo haré por satisfacción o reivindicación. Lo haré para reconciliación y perdón.

Pablo dice en Colosenses 3: 12-14:

“Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes. Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad”.

Soy libre para perdonar porque he recibido perdón increíble. Pecadores perdonados perdonan el pecado, y pecadores perdonados extienden misericordia.

2) Misericordia significa que no te voy a ver a través de tus pecados o errores

A veces queremos perdonar, pero también mantener el derecho a desconfiar. Aceptamos la disculpa de la persona, pero el recuerdo permanece. ¿Alguna vez has notado que es mucho más atractivo ser quien lleve la cuenta de los pecados que ser un dador de perdón? Esto es porque es difícil renunciar al poder de mantener un registro de errores. Queremos mantener la carta del triunfo para que, cuando sea necesario, podamos sacarla y recordarle al pecador todo lo que ha hecho.

A diferencia de nosotros, Dios no lleva la cuenta de cada pecado (Salmo 130: 3). El pecado perdonado no está codificado en el disco duro del cielo para su fácil acceso. Dios no deja el pecado en la mesa de los corredores de bolsa para negociar un mejor comportamiento de nosotros. Salmos 103:10 dice: “No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades”.

Si es así como Dios responde al pecado, debemos responder de la misma manera. Cuando alguien peca contra mí y luego pide perdón, es una oportunidad no solo para declarar mi perdón, sino también el perdón de Dios. Es una oportunidad para decir: “Dios no te ve a través de tus pecados y errores, y yo tampoco. Dios no lleva la cuenta de tus errores y ¡yo tampoco lo haré!”.

Es mucho más que simple bondad. Es un perdón costoso.

La misericordia que he recibido de Dios me permite transmitirte esa misericordia. Pecadores perdonados perdonan el pecado, y pecadores perdonados extienden misericordia.

3) Misericordia significa que aceptaré tu confesión tal cual

Es poco probable que pueda perdonar si espero hasta que el pecador verdaderamente “entienda”, y luego vuelva a mí con una confesión más profunda y sincera. La realidad es que el perdón no es una reacción a la confesión. Surge de un corazón misericordioso, que está dispuesto a perdonar. Mi corazón está preparado para perdonar porque recuerdo que Dios ya ha perdonado todos mis pecados, incluso aquellos que permanecen sin confesar.

El llamado a perdonar no depende de que la otra persona confiese el pecado. Marcos 11:25 lo deja claro: “Y cuando estén orando, perdonen si tienen algo contra alguien, para que también su Padre que está en los cielos les perdone a ustedes sus transgresiones”. La idea de que yo no perdonaré hasta que alguien se arrepienta es típicamente sólo una forma súper espiritual de decir: “¡Paga lo que debes!”. Recuerda, la amargura en los cristianos —incluso en los líderes— siempre está envuelta en un atuendo más sofisticado y espiritual.

Además, piensa en esto: en realidad no hay justificación bíblica para juzgar la sinceridad o la humildad de la confesión de una persona. Cuanto más haga que mi perdón dependa de la calidad de la confesión, más me estoy alejando de la verdadera misericordia. En Lucas 17, Jesús dice que si un hermano pide perdón siete veces al día, debo perdonar.

La verdadera misericordia acepta la confesión por su valor nominal. Pecadores perdonados perdonan el pecado, y pecadores perdonados extienden misericordia.

4) Misericordia significa que seré paciente con tu condición caída

Cuando los pecadores se juntan, las debilidades se hacen conocidas, los patrones de pecados comunes emergen, y la condición caída está completamente a la vista. El peligro entonces no es la ignorancia del pecado, sino la fatiga corrosiva: el tipo de fatiga que surge cuando comienzo a cansarme de tu condición caída.

Juan Calvino dice, “... él [Dios] declara expresamente que no debería haber límite para perdonar; porque él no tenía la intención de establecer un número fijo, sino que nos ordena que nunca nos cansemos”.

¿Estás cansado de los pecados del otro? Me pregunto si este cansancio contribuyó a la actitud del siervo que no perdonaba. Él simplemente se cansó de tener a alguien que le deba. Así que, como dijo un autor, “... se le olvidó lo que debería haber recordado (que a él le había sido perdonada una gran deuda) y se acordó de lo que debía haber olvidado (que a él se le debía una deuda menor)”.

El llamado aquí no es aguantar y simplemente tolerar el pecado cometido en nuestra contra. La respuesta es regresar a la deuda que me ha sido perdonada. La respuesta es ser nuevamente inspirado por la paciencia, la tolerancia, y la bondad de Dios, y luego ir y hacer lo mismo con los demás.

Conclusión

Países ricos han perdonado 110 mil millones de dólares a países más pobres, y esa es una extraordinaria deuda perdonada. Sin embargo, como pecador, ¡me ha sido perdonada una deuda mucho mayor! Todos mis pecados han sido pagados por Jesucristo. Es increíble, pero la deuda que le debía a Dios ha sido pagada por Dios mismo.

El ministerio es un llamado a ser misericordiosos. Pero no es porque somos pastores o llamados a ser pastores. Es porque somos pecadores perdonados, y los pecadores perdonados extienden misericordia, que es otra forma de decir que los pecadores perdonados perdonan el pecado.


Publicado originalmente en Am I Called? Traducido por Alicia Ferreira.