La Biblia es clara en cuanto al compromiso y seriedad que deben tener los predicadores con la exposición fiel de las Escrituras. En 2 Timoteo 2 :15, Pablo exhorta diciendo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad”. Este llamado no es único a Timoteo, sino uno que le corresponde a todo aquél que tenga el privilegio de predicar la Palabra de Dios.

Teniendo en cuenta este llamado tan serio e importante, es bueno aprender de aquellos quienes por largo tiempo han permanecido fieles al llamado de predicar y cuyo ministerio ha sido bendecido por Dios. Por esto estoy agradecido de haber tenido la oportunidad de entrevistar a Dr. Steven Lawson, buscando aprender de su experiencia y compromiso con la Palabra de Dios.  

El Dr. Steven Lawson ha servido como pastor y predicador por más de 35 años. Su ministerio de exposición de la Palabra de Dios verso por verso lo ha llevado a ser uno de los expositores principales cada año en conferencias como Shepherd’s Conference y Ligonier National Conference. En el 2013 fue uno de los expositores en la conferencia Por Su Causa en Republica Dominicana, donde sus exposiciones, tituladas “Traed el libro I, II y III”, sirven de llamado a la Iglesia, a que en los púlpitos permanezca una fidelidad constante a la Palabra de Dios en la predicación. En la actualidad, el Dr. Lawson sirve como profesor de predicación en el programa de maestría y de doctorado en el Master’s Seminary y también enseña con el ministerio Ligonier.


Algo muy frecuente en sus predicaciones es que suele usar la historia de la iglesia a la hora de ilustrar. ¿Es esto algo intencional? ¿Qué importancia le ve a que un predicador introduzca la historia de la iglesia a la hora de predicar?

He encontrado que el uso de la historia de la iglesia en la predicación es estratégicamente significativo por varios puntos:

  1. La historia de la iglesia da a lugar a ilustraciones eficaces de lo que enseñas en un sermón. Hay una seriedad y peso en las ilustraciones de la historia de la iglesia que es muy superior a la ligereza y a veces trivialidad de las ilustraciones contemporáneas. Las ilustraciones de la historia de la iglesia pueden ser mucho más profundas en lo que expresan y cómo lo expresan.
  2. También las ilustraciones pueden ser altamente motivadoras. Hay un alto efecto dramático y de inspiración que se puede extraer de algunas escenas altamente impactantes de la historia de la iglesia.
  3. El uso de ilustraciones trasciende el día en el que vivimos y nos conecta con los grandes movimientos de lo que Dios ha hecho en generaciones pasadas. En otras palabras, éstas muestran que somos parte de algo más grande que nuestros días.
  4. Además, estos ejemplos tienen la capacidad de ser convincentes y captar el interés del oyente de una manera poderosa.

Es muy usual ver predicadores jóvenes con buena teología, que hacen un excelente proceso exegético en preparación para predicar, sin embargo la exposición no refleja esa gran preparación. ¿Qué recomendación daría a predicadores jóvenes, para mejorar en el área homilética?

Algo que normalmente recomiendo a predicadores jóvenes es que lean sermones de otros expositores importantes con el fin de aprender cómo incorporar sus descubrimientos exegéticos en sus sermones. Hay mucho que aprender de otros hombres dotados en esta área, que han utilizado hábilmente su exégesis para dar forma y estructura a sus sermones. Ejemplos de éstos serían John MacArthur y James Montgomery Boice.

Al otro lado de esto, vemos a predicadores quienes son muy buenos comunicadores, sin embargo, al examinar sus sermones es obvio que no estudiaron con precisión el pasaje, por lo tanto la predicación no fue fiel al texto. ¿Qué peligro tiene esto para el predicador y para la congregación?  

El peligro que rodea al predicador que no estudia cuidadosamente y con precisión el texto bíblico es que sus sermones serán imprecisos en lo que presentan. Esto, a su vez, dará lugar a una ideología equivocada, lo que inevitablemente da una cosmovisión distorsionada y un sentido alterado de la realidad, llevando al oyente lejos de la verdad. Esto provoca una adoración falsa y un modo de vida extraviado. John MacArthur ha dicho: “El significado del texto es el texto y hasta que tenga la correcta interpretación del texto, todo lo que tienes es color negro sobre papel blanco”. Esto es, por desgracia, lo que tenemos en muchos púlpitos hoy.

Existe un gran peligro en querer meter demasiado las emociones a la hora de predicar. Esto hace que muchos predicadores, para cuidarse, sean muy secos a la hora de exponer. ¿Cuál cree usted que sea el balance correcto en este aspecto? ¿Se debería reflejar pasión a la hora de predicar?

El gran teólogo John Murray, dijo lo siguiente: “Si no hay pasión, no hay predicación”. La pasión es una cualidad indispensable de la predicación. Sin pasión, el predicador se reduce a ser un simple expositor. Sermonear está muy bien para el aula, pero es un detrimento en el púlpito. Obviamente, hay dos extremos que deben ser evitados. Una de ellas es el hiper-emocionalismo y el otro es la exposición sin fervor absoluto. Un equilibrio adecuado se debe alcanzar, y esto dependerá de la personalidad y el temperamento de cada hombre que predica. La expresión de la pasión también fluctuará de una parte del sermón a otra. Tomando todo eso en cuenta,  yo preferiría una persona que tenga demasiada pasión y que haya que bajarle de tono, a alguien que no tenga nada de pasión y haya que tratar de levantarlo de los muertos.

Para un pastor, el predicar entre dos y tres veces por semana puede resultar muy agotante y se puede “secar”. ¿Qué recomendaciones nos puede dar para que un pastor pueda mantenerse “fresco” y nutrido y no lucir repetitivo o marchito a su congregación?

Lo primero que puedo señalar es que un pastor debe controlar cuidadosamente su tiempo. En general, recomendaría que den sus mañanas a Dios, sus tardes para los hombres, y sus noches a su familia. Hay por supuesto aisladas excepciones a esto en el flujo de la vida y el ministerio, sin embargo, debe disciplinarse para dar tiempo suficiente para su preparación de sermones cada mañana. Él debe darse a las necesidades de la congregación en la tarde, estando disponible para la consejería, visitas al hospital, llamadas telefónicas y correspondencia. Él debe estar con su esposa y niños en las noches. Si va a mantener este equilibrio, se debe dar tiempo suficiente para su preparación de sermones y no sonar repetitivo o estar seco.

Es muy frecuente ver en estos días predicadores que con buena intención de predicar a Cristo, hacen alusiones cristológicas extremistas y mas que predicar el texto como tal, suelen alegorizar a Cristo en cada punto del pasaje. ¿Cree que esto es sano? ¿Cómo debería ser nuestro enfoque de predicar a Cristo?

Es importante que no alegoricemos el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento es la clave interpretativa que nos permite discernir justamente donde Cristo se encuentra adecuadamente en el Antiguo Testamento. Hay una nueva tendencia hoy en día de tratar de encontrar a Cristo en cada versículo del Antiguo Testamento. Creo que esto destruye las reglas adecuadas de interpretación y trata de encontrar a Cristo donde Él no está. Jesucristo no está en todos los textos del Antiguo Testamento, pero podemos llegar a Cristo en cada texto. Esa es la distinción importante que debemos conocer.