En los últimos meses, hemos visto el surgimiento de “las peleas en Facebook” en torno a temas candentes como el matrimonio homosexual, la libertad religiosa, la ortodoxia evangélica, etc. Éstas se llevan acabo de la siguiente manera:

  • Cierta persona famosa con un gran número de seguidores de un determinado grupo social dice algo escandaloso o provocador, con la intención de incitar una respuesta por parte de sus adversarios ideológicos.

  • O bien la pelea se inicia cuando un famoso involucra a otro famoso en un tema candente donde las emociones se ponen a flor de piel.

  • Los dos adversarios ideológicos intercambian comentarios ingeniosos en un par de ocasiones, reduciendo la complejidad de sus puntos de vista a extractos de 140 caracteres.

  • Por su parte, los seguidores de ambos bandos actúan como aficionados en las tribunas animando a su héroe, ya sea con elogios o vituperando a sus oponentes.

  • Todos acaban indignados y la conversación termina con una sensación de cansancio.


Conozco en lo que consisten las peleas en Facebook porque yo mismo he sido parte de ellas en un par de ocasiones. Después de mi participación en la última, me di cuenta de que estas interacciones en línea son prácticamente inútiles en fomentar y mantener conversaciones reales y significativas sobre temas controvertidos.

Facebook es un espacio para conversación, pero una vez que nos ponemos en posición de pelea, me parece que el diálogo legítimo queda por terminado. Las peleas en Facebook son como montar una especie de espectáculo para el perverso placer (o disgusto) de la audiencia de Facebook. ¿Acaso alguna vez alguien que ha presenciado uno de estos debacles ha dicho: ” ¡Me convenciste! Estoy equivocado y tú tienes toda la razón?” Nadie. Nunca.

Me he negado a participar en la mayoría de los debates en Facebook, pero después de saltar al ring en un par de ocasiones, he decidido no volver a hacerlo nunca más. Me encanta conversar en las redes sociales, pero a partir de ahora, una vez que vea que la conversación empieza a tornarse a modo de pelea, me voy a retirar. He aquí mis razones:

1. Las peleas en Facebook son deshumanizantes.

He aquí mi razón principal. Las personas tienden a leer sus propias emociones en una pelea en Facebook, por lo que la retórica se intensifica de inmediato y todo el mundo da la impresión de estar enojado y ser mezquino. Al menos, eso es lo que a mí me parece.

Este es un punto en el que las redes sociales y la tecnología nos decepcionan (o donde simplemente no estamos a la altura). No conocemos en verdad a aquellos con quienes estamos de ocurrentes. Es muy fácil etiquetar a las personas, interpretar cada uno de sus tweets asumiendo lo peor, y luego crear un ideólogo de nuestra propia imaginación en lugar de una persona real.

No soy mi avatar, y tampoco lo es mi adversario.

No quiero asumir lo peor de aquellos con quienes debato y Facebook hace esta tarea difícil para mí. ¿Por qué? Esto me lleva a mi razón # 2.

2. Facebook no es el mejor lugar para el diálogo y el debate reflexivo.

La mayoría de nuestras creencias más profundas y sinceras simplemente no se pueden reducir a extractos de unos cuantos caracteres. Me preocupa que al reducir todo al mundo de Facebook no hagamos justicia a la complejidad de nuestras posiciones o a las personas que están de acuerdo o en desacuerdo con nosotros.

No es cuestión de la tecnología, el problema es Facebook. Pero quizá se deba a que Facebook no es el mejor lugar para los debates más importantes.

He presenciado buenas interacciones en Facebook. Si entablas una conversación con un crítico de buena fe quien amablemente te hace ver suposiciones erróneas o cierto problema con alguno de tus puntos, entonces Facebook puede convertirse en un espacio para afinarte. Al menos te puede hacer reflexionar.

Sin embargo, aunque Facebook puede ser una herramienta útil para iniciar una buena conversación, probablemente no debiera ser el lugar en donde dicho diálogo se lleve a cabo. No estoy en contra de la crítica o de la interacción reflexiva, pero por ningún motivo deseo involucrarme en estos espectáculos pecaminosos que caracterizan a muchas de las peleas que he visto en línea.

Los blogs tienen sus limitaciones también, pero al menos hay suficiente espacio para un análisis reflexivo y una argumentación sólida. Si surge una buena pregunta en Facebook, preferiría detenerme a meditar un poco al respecto y dedicarle una entrada de blog en lugar de responder desde las limitaciones del formato de Facebook.

3. Las peleas en Facebook son una pérdida de tiempo.

La mensajería instantánea y el chat pueden ser una forma eficiente de comunicación en una organización, pero las publicaciones en Facebook son como un chat público con porristas a ambos lados extendiendo la conversación al punto de llenar el globo de aire caliente. El constante sonido del teléfono se convierte en un imán que nos atrae al remolino de la cada vez más hostil retórica hasta el punto en que las verdaderas líneas de división se esconden detrás de máscaras de indignación.

Facebook es una plataforma de la que disfruto y me beneficio, pero las peleas en Facebook son algo totalmente distinto. Éstas sirven únicamente para reforzar los peores estereotipos sobre nosotros mismos y sobre nuestros adversarios ideológicos. Es por eso que debemos anhelar una interacción reflexiva con los puntos de vista de otros, y no reacciones inmediatas e incendiarias (¡y ambos lados en el debate pueden ser culpables de esto!).

Facebook puede ser el lugar en donde inicia una buena interacción, pero nuestro tiempo sería mejor invertido si continuáramos conversaciones importantes en otros espacios.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Carolina López Ortiz